A Los Oscars I

Para amenizar la espera de la alfombra roja de esta madrugada, hacemos un repaso por algunos de los estilismos más difíciles de olvidar de la historia de los Oscar.

 

Hace una semana exactamente hablábamos de los Goya y de como España estaba un poco a la cola en cuanto a esto de las alfombras rojas. Y hoy creo necesario demostrar que hasta en ser los peores somos malos, y es que cuando en los Oscar una va hecha un cuadro, lo hace con ganas, premeditación y alevosía.

Y es que ya que van a ir vestidas como si les hubiera elegido el vestido su peor enemiga, lo hacen bien. A lo grande.

Empezaremos remontándonos al año 1989, cuya gala es reconocida como una de las peores de la historia de los Oscar, con Rob Lowe abriendo la gala en un número musical junto a Blancanieves.  Pero lo peor de dicha gala no fue el numerito musical, ni Rob Lowe cantando “Proud Mary”, sino el hecho de que Demi Moore se olvidó parte del vestido en casa y tuvo que cogerle prestado el culot de montar en bici a Bruce, para disimular. Aunque teniendo en cuenta los brocados dorados en la cola del vestido y el bustier, mejor se hubiera ido a casa a ver la gala en pijama.

 

 

Un par de años después, Geena Davis, que debió quedarse prendada del vestido de nuestra amiga Demi, decidió contratar a su enemigo estilista, para que le consiguiera uno parecidísimo, pero inspirado en el can-can. Y encima, en blanco. Si es que algunas, no aprenden.  Ese año no ganó el Oscar, sólo por semejante crimen contra la humanidad que era su vestidito.

 

 

 

En el año 1990Kim Basinger se erigió defensora de las pasteleras del mundo, homenajeándolas con su disfraz de merengue.

 

 

La década de los noventa dio algunos de los momentos más infames de la alfombra roja. De hecho, los noventa dieron muchos momentos infames. Así, generalizando. Pero creo totalmente necesario recordar el vestido de Lizzy Gardiner. En el año 1995, esta diseñadora de vestuario ganó el Oscar a mejor vestuario por su trabajo en “Priscilla, Reina del Desierto”. El hecho de que ganara una estatuilla por el vestuario de una película de drag Queens es explicación suficiente para su vestido hecho a base de tarjetas doradas de American Express.

 

 

Y para terminar con los noventa, recordemos que en 1999, Céline Dion se presentó de esta guisa a la gala. Y sí, la chaqueta la llevaba al revés porque quería, y el sombrero es así. Sin palabras.

 

 

Pero no os creáis, queridos amigos, que recientemente no se han dado crímenes contra la moda en los Oscar.  En el año 2002, Gwyneth Paltrow, otrora epítome del estilo y del glamour, se presentó a la gala con un claro homenaje a los 90, cuando todavía era excesivamente pronto para homenajear dicha década. Desde el maquillaje hasta el color, sin olvidarnos de que el vestido le hacía parecer plana rollo tabla de planchar, todo estaba mal en este look. Menos mal que aprendiste, G.

 

No podemos pasar por alto los floripondios de la Theron en 2006, el cisne de Bjork, o el vestido color bombona de butano aprieta-pechos de la Hudson el año pasado.

 

 

Sería imperdonable cerrar este artículo sin la más grande entre las grande. Es necesario ver algunos de los modelitos que han ilustrado las listas de peores vestidas durante décadas.  Nadie como Cher y sus transparencias (y falta de tela) para cerrar nuestro particular viaje al pasado.

 

 

 

 

Este lunes estaré de vuelta por aquí para comentar lo mejor y lo peor de la alfombra roja de los Oscar 2012.

 

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