La Colombia de García Márquez

Escribo esto precisamente desde Colombia, un país de contrastes en el que se ve riqueza extrema y pobreza extrema. Un país riquísimo en recursos en el que sin embargo hay niños que no llevan zapatos y que viven en casas sin electricidad ni agua corriente. Un país en el que en el  2011 se calculaba, a nivel nacional, que  el porcentaje de personas que vivían bajo el umbral de la pobreza era de  34,1% por ciento. Y resulta que el Premio Nobel que se decía tan comunista, que pasaba temporadas en casa de Fidel Castro, no se preocupaba lo más mínimo por escribir algo que conmoviera a los lectores y les hiciera concienciarse con las niñas abusadas y explotadas. Todo lo contrario. Para mí, se trata de un hecho triste. Quizá para ustedes no.

Las novelas de García Márquez me gustan mucho. Excepto una. Memoria de mis Putas Tristes. Podría decir que el señor Márquez era el mejor escritor del siglo y unirme a la corriente general,   pero me gustaría poder seguir siendo coherente con mis ideas.

 

 

“Argumento de una novela: Un periodista ochentón verifica, entristecido, que su potencia sexual ya no es la que era. Cosas de la edad. Llama entonces a su proxeneta de confianza, aquel que le proporciona – a él y a media ciudad – los mejores Chaperos, y le pide que le busque un jovencito al que nadie haya tocado. El proxeneta le llama unos días después: ha localizado a un magrebí de barriada obrera, de catorce años, virgen con garantía, cuya familia está de acuerdo en vender los favores del chaval porque el padre está en paro desde tiempo inmemorial. La noche acordada, el proxeneta le proporciona una droga al chico para tranquilizarlo y favorecer los avances del anciano pero con tan mala fortuna que el chico, agotado tras una jornada particularmente dura – pues a pesar de su corta edad ya trabaja ilegalmente en una fábrica – se queda tan profundamente dormido como para hacer imposible su desfloración. El viejo permanece toda la noche contemplándolo, extasiado con su belleza y cuando vuelve a casa el ochentón lleva tal calentón encima que, ante la visión de la dérriere de su secretario, que está agachado recogiendo unos papeles, no puede contenerse y le viola. Luego, le arroja unos billetes a modo de compensación.

 

Si este libro se publicara en España, el escándalo sería mayúsculo, del tipo del que le cayó encima a Arthur C Clarke en 1998, cuando The Mirror le acusó de ser un pedófilo. O sin ir más lejos, mi amiga Lola Beccaria tuvo que oír de todo a propósito de la publicación de su novela ” Una mujer desnuda”, en la que se narran las relaciones de una prepúber con un amigo de su padre.

Pero resulta que cuando sale al mercado un libro con el mismo argumento, el mismo, pero con la sutil diferencia de que el putero es un señor heterosexual y la niña vendida y la criada violada (violada analmente por cierto) son dos mujeres, nos encontramos entonces con “una admirable historia de amor… una estupenda metáfora de la sociedad donde todos caben con suficiencias o exageraciones, una novelita-joya que contiene sabias frases de prosa brillante, desbordante, donde la pasión tardía se enseñorea en el corazón del viejo”, en palabras de la crítica. Toma ya. Botón de muestra que describe al aluvión de reseñas favorables que se ha desbordado por los suplementos culturales españoles, unánimes en su admiración. Sí, me estoy refiriendo a la última novela de García Márquez, al que, como Premio Nobel, se supone que debemos respeto”

Esto no lo escribí cuando me enteré de que García Márquez falleció. Lo escribí hace muchos años.

Y siendo Colombia el segundo país del mundo en cifras de prostitución infantil – según UNICEF y otros organismos internacionales – creo que hubiese sido muy bonito que un Premio Nobel hubiera escrito una novela en la que la prostitución infantil se viera como lo que es: algo repugnante, y no como algo consentible e incluso glamouroso. No es una cuestión oportunista. Se escribió hace mucho.

Mis condolencias a la familia del señor García Márquez, pero ésta era mi opinión hace diez años, y no ha cambiado. De hecho, se recrudeció cuando años más tarde visité el cinturón de vergüenza que rodea Cartagena precisamente acompañando a una ONG que intenta combatir la lacra de la prosticución infantil, que sigue vigente en Colombia, y en muchos otros países del mundo.

El resto de las novelas de García Márquez me gustan mucho, pero me gustaría poder seguir siendo coherente con mis ideas. Y para mí la violación no es un hecho consentible, la prostitución de menores no lo es, y por eso en mis libros las violaciones se presentan como lo que son: un acontecimiento traumático, no algo que se resuelve con un billete. El abuso sexual infantil tampoco me parece algo bonito. Para mí un señor que pagara porque le ofreciesen una virgen no es más que un delincuente, ahora y hace cien años. Y un hombre que se obsesiona con una mujer a la que nunca ve despierta no me parece que ame. Para mí el amor implica una cooperación entre iguales, no un embobamiento ante la figura de una mujer dormida, que no mira, no replica y no contesta. Yo no creo que eso sea amor, en absoluto. Y yo no quisiera que mi hija se enamorase jamás de un hombre que pagase por niñas. Si para vosotros la violación es algo bonito y pagar por niñas vírgenes alfo muy romántico, la verdad, me alegro mucho de que me despreciéis. Me daría miedo que no lo hicierais. Si no me vas a comprar libros, fantástico. Si la crítica bienpensante me va a odiar, pues muy bien.

Escribo esto precisamente desde Colombia, un país de contrastes en el que se ve riqueza extrema y pobreza extrema. Un país riquísimo en recursos en el que sin embargo hay niños que no llevan zapatos y que viven en casas sin electricidad ni agua corriente. Un país en el que en el  2011 se calculaba, a nivel nacional, que  el porcentaje de personas que vivían bajo el umbral de la pobreza era de  34,1% por ciento. Y resulta que el Premio Nobel que se decía tan comunista, que pasaba temporadas en casa de Fidel Castro, no se preocupaba lo más mínimo por escribir algo que conmoviera a los lectores y les hiciera concienciarse con las niñas abusadas y explotadas. Todo lo contrario. Para mí, se trata de un hecho triste. Quizá para ustedes no.

 

2 comments for “La Colombia de García Márquez

  1. MARTA
    20 abril, 2014 at 00:15

    qué grande eres, lucía.

  2. nekane
    21 abril, 2014 at 15:05

    lucía hija, que ta he pasado?… memorias de mis putas tristes es un reflejo real de lo que se mueve en colombia y el sr. garcía márquez lo esta denunciando!, así exponiéndolo, sacándolo a la luz, escandalizando.. vamos, no somos tontos los lectores, no hace falta que el escritor entre parentésis nos diga: srs. estoy denunciando, no comulgo con ello, a ver.. que somos adultos, él lo expone y los demas sentimos cosas, repulsa, terror, ..placer? por qué no?, ser homoxesual no es una enfermedad, ser pedófilo sí¿? vamos a ver el pedófilo hace daño, por ello mismo como bien se dijo en la peli de lars von trhier “ninfomania”, cuanto pedófilo silencia y no practica su sexo por no hacer daño.. y, tiene la culpa de tener esa inclinanción ¿?… A mí García Márquez me gussta en todas sus obras: me quito el sombrero ante él, vivo, muerto o como sea, su obra solo unos pocos la pueden repetir!, amigo de fidel? y qué!.. yo, odio la guardia civil, un ejemplo eh? sin embargo creo que podría ser amiga de una persona guardia civil aunque jamás comulgase con su profesión… hasta siempre Gabo!!! compartimos un timepito en Barna, qué preciosa aquella Barna!

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