Jazz Vilá

Por David Hernández / Fotografías: Nathan Gutiérrez

La línea 3 de Metro de Madrid está imposible. El tren va lleno y llegar a la estación de Delicias me resulta estresante. El aire acondicionado no está encendido y, si lo está, no se nota. No hay asientos libres. Voy de pie, rodeado de gente, como en una lata de sardinas. Huele a lata de sardinas. El calor es asfixiante y mucha gente suda a mi alrededor. Un viaje nada glamouroso para llegar al lugar en el que me encontraré con una estrella. A las 15.04, por fin, llego a la estación. Escribo un whatsapp a Jazz Vilá para avisarle que estoy saliendo del suburbano y llego tarde a nuestra cita. No responde. Supongo que estará hablando por teléfono. O tal vez consultando el IBEX35, es un fanático de la bolsa. Por fin llego a Garaje Lumiére, donde el 7 de junio se estrenará ‘La última noche’. Ni rastro de Jazz. La persiana está echada. Hace un calor tórrido y no hay ninguna sombra en la que cobijarme del sol. Lo llamo. No responde. Lo vuelvo a intentar. Desisto de la idea de esperarlo en alguna cafetería de la zona y espero su llegada.

-¡Pipoooooooooooo! – lo escucho gritar, con su acento cubano, desde la acera de enfrente. Viene apresurado, hablando por teléfono con la actriz Ana de Armas, una de sus mejores amigas.

A las 16.00 ha quedado con sus actores para ensayar en el teatro. Sin embargo, aún no lo han abierto. No conocemos bien la zona y caminamos en busca de una cafetería en la que conversar con tranquilidad. Después de 10 minutos caminando, por fin, encontramos una terraza lo suficientemente acogedora.

-Estás a punto de estrenar ‘La última noche’. Aunque es una versión sobre una obra original cubana, la has modificado tanto que parece otra completamente nueva.

-No tiene nada que ver con la original. Es un montaje que llevo mucho tiempo queriendo hacer. He vuelto a este estilo mío de trabajar el teatro desde un ángulo más cinematográfico, no solamente en la puesta en escena, sino en el proceso de trabajo. De hecho, no trabajo las escenas como escenas, sino cono secuencias, e incido mucho en el trabajo de los actores.

-También sigue el estilo de la película ‘Dogville’ de Lars Von Trier.

Trabajo a partir del actor, que tiene una serie de elementos físicos, pero otros elementos que son puramente sensoriales, con lo cual, el actor trabaja de verdad y hay una mezcla de lo real y lo ficticio. La obra narra la historia del último día de una madre y su relación con los hijos. Trata las relaciones materno-filiales, que tanto me gustan.

-Es una obra muy dramática.

-Yo hago las comedias que hago, pero luego voy mucho a lo que es el drama. –comenta con histrionismo.- No obstante, la gente siempre tiende a pensar que algo es dramático cuando se trata de algo trágico, pero no olvidemos que el drama es el medio entre la comedia y la tragedia. Esta obra tiene ambas cosas.

-¿Siendo actor, cómo llevas el estar fuera para dedicarte exclusivamente a dirigir la obra sin estar sobre las tablas?

-Ésta es una obra que yo iba a haber hecho como actor hace mucho tiempo. Deseché trabajar en ella y decidí estar detrás, para darle ese tinte y explotar más el trabajo y hacerla más mía. Vengo dirigiendo desde los 17 años, no es una cosa nueva. En España lo que más he hecho ha sido dirigir. No siento esa cosa de envidia. Con el teatro tengo como mi cosa especial, porque yo tengo mucho respeto. Siempre digo que, cuando me vuelva a subir a las tablas, será por un proyecto que me enamore al hacerlo. El teatro en España, ahora, con la situación que está viviendo, es muy complicado y muy sacrificado. No puedes vivirlo desde el sufrimiento y el tormento, hay que disfrutarlo. Y, ahora, está en un momento de mucho sufrimiento a nivel de cómo se están llevando las cosas a cabo, para los ensayos, para los lugares… Entonces, creo que, en ese sentido, me reservo el hecho de actuar. Quiero dejarlo para cuando las tablas lo merezcan.

-¿Hace cuánto tiempo dices que empezaste a dirigir?- pregunto para calcular su edad. Es uno de sus secretos mejor guardados.

-Desde los 17 años. –responde avispado.

-¡No te pillo!- Nos reímos.

Jazz es un torbellino. Un culo-inquieto que no puede parar. No hay momento en el que no esté inmerso en varios proyectos a la vez. En estos momentos, también se encarga de la dirección artística de ‘El encierro de Ana Frank’, un espectáculo de gran formato. “Es una cosa en la que yo trabajé hace cuatro años para el Certamen Coreográfico de Madrid. Allí presentamos la idea en pequeño formato y ganamos el primer premio.” Ahora, la bailaora María Juncal, productora y directora del espectáculo, lo va a llevar a término como gran producción. “Es una cosa muy bonita y que me motiva mucho, porque la historia de Ana Frank es tan conmovedora y tan profunda…”, explica Jazz. “Me permite volver a mi trabajo con el flamenco, con el que he estado vinculado desde que llegué a España.”

Llegó a la península por casualidad. “La embajada francesa en Cuba me invitó al festival de Avignon para que estuviera al corriente de las nuevas tendencias artísticas.” Estando allí, le invitaron a participar en el espectáculo flamenco ‘Remembranzas’ junto con La Truco. Ahí fue cuando María Juncal tuvo la oportunidad de conocer su trabajo de asesoramiento del espectáculo y lo llamó para ‘El encierro de Ana Frank’. Desde entonces, vive entre España y Cuba. Allí rodó su última película, ‘Juan de los muertos’, del director Alejandro Brugués. Una comedia de zombies, con una profunda crítica social al régimen castrista.

-¿Qué cambios se están dando en Cuba para que se haya conseguido estrenar ‘Juan de los muertos’ en los dos cines más importantes de La Habana?

-Ha sido una noticia que me ha dado mucha felicidad. Si no se ponía, ya iba a crear conmoción, pero el hecho de que se haya conseguido poner es algo insólito. Es una película que evidentemente tiene su contenido social, como le gusta decir al director, no es una película política, sino una película social, es una comedia social de zombies sobre la sociedad cubana.

-Está teniendo un gran éxito a nivel internacional, avalado por 6 premios del público, entre otros, en festivales de todo el mundo.

-El público está respondiendo de una manera increíble. Las salas están abarrotadas pase tras pase. Es la mayor respuesta. El público es el barómetro.

-No era la primera vez que hacías cine. Ya habías trabajado anteriormente con el mismo director en ‘Personal Belongings’. También has hecho televisión.

-Es donde empecé con 14 años, en la telenovela ‘Las huérfanas de la obra pía’. Mi madre me había apuntado a un curso y, de ahí, surgió la cosa de llevarme a un casting, porque me avisan, voy al casting, me dan la separata, me la preparo, hago la prueba y me cogen para la telenovela.

-Estoy seguro que ya estás pensando en nuevos proyectos.

-Donde tengo proyectos más sólidos es en América, donde la película ha tenido mucha repercusión. En México tengo nuevos representantes y dos proyectos cinematográficos importantes para finales de año y principios del que viene. Aquí tengo otro proyecto cinematográfico, pero, como ya saben cómo es la superstición, estoy esperando a que se cierren para poder decirlo.

-¿Eres supersticioso?

-Yo no soy supersticioso, pero como dice José Martí, el héroe nacional de Cuba, “hay cosas que, para poder ser, han de andar ocultas porque, de ser reveladas, te darían complicaciones que harían imposible la acción de la causa.”

Twitter: @_davidhernandez