Amar a un narcisista

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Era una persona fácil de amar. Porque era una persona extremadamente seductora, encantadoras, detallistas. Era intuitiva , y sabía lo que me gustaba, y me lo daba. Clonó mis gustos. Le gustaba el jazz, la música electrónica, el arte. Nunca conseguí que leyera a Flaubert, eso sí. Pero era difícil no experimentar amor por alguien tan “hecho a la medida”

Al principio era extremadamente adulador. Yo era la más guapa, la más simpática y la más inteligente. Y al cabo de un tiempo sólo se preocupaba de su propia imagen personal, y no dejaba de pedirme que opinara sobre su ropa, su corte de pelo, su aspecto, cómo le quedaba tal o cual camisa. Porque en el fondo de toda persona con rasgos altamente narcisistas existe una fuerte necesidad de admiración.

Vivía orientado hacia el exterior, sentía una verdadera urgencia de status social. Y yo significaba una buena oportunidad para lograrlo. Creo que se sentía poseedor de un trofeo.

Su reflejo en en mí tenía que ser nítido, y ampliado. Como si yo fuera un espejo del Callejón del Gato, esperaba verse en mí más grande de lo que era en realidad.

No me escuchaba, jamás tuvo en cuenta mis necesidades, pero me envolvía con su labia sorprendentemente seductora y al final parecía que la que no le daba nada era yo. Frente a cualquier crítica saltaba porque no se le reflejaba lo que esperaba. Y entonces, arremetía con furia ciega, castigándome en todas las formas posibles,: mutismo hostil o gritos.
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Exactamente igual que el Narciso original, estaba enamorado de su propio reflejo. Pero el reflejo no es la realidad. En el fondo, le angustiaba un horrible vacío interno.

El narcisista representa personajes: el enamorado, el dadivoso, el experto, el más delicado y fino. Pero también, en lo íntimo, el más destructor y devastador, cuando se lo propone.

En el amor narcisista existen diversas constantes que se repiten sin cesar: aparentar, humillar, menospreciar, culpar. Pero, sobre todo, un gran desprecio.

En realidad lo que desprecian es su propia humanidad, la vulnerabilidad, la capacidad de sentir. De ahí, su menosprecio frente a quién se comporta como un ser humano auténtico. En general, eligen parejas extremadamente sensibles. Mientras la relación dure se alimentan de esa sensibilidad y energía. Y una vez agotada, la sueltan dejándola exhausta e indefensa.

Es curioso. Desde que salió el libro ya me han contactado cuatro de sus víctimas. Un ex amante y dos ex compañeras de trabajo. Y el modus operandi era siempre el mismo. Dejar de hablar de pronto, y manipular. Llegó a grabar a uno de sus compañeros de trabajo sin que él lo supiera y le llevó la grabación al director de la empresa para conseguir que echaran a su competidor. ( Lo logró, por cierto). Le hizo la vida imposible a una compañera de trabajo que no quiso admitir a su novio ( el de él) en su departamento, hasta lograr que ella dimitiera. Escondiéndole información importante y acusándola después de paranoica.

Todas las personas que me han ido llamando se parecían entre sí. Muy brillantes pero también muy inseguras. Todas cebras.

El nunca leerá esto, espero. No lee nada de lo que yo escribo. Pero si tú también lo reconoces, quizá no le reconozcas precisamente a él. Quizá reconozcas a tu ex jefe, a tu ex novio, a tu ex marido.

Porque en los últimos años —por el evidente auge de las redes sociales— el asunto del narcisismo se ha vuelto un tema de debate frecuente. Las universidades más prestigiosas del mundo han dedicado tiempo y recursos para profundizar al respecto. Hay estudios que dicen, por ejemplo, que los rasgos narcisistas en estudiantes de Estados Unidos han aumentado desde 1980 en un30%. Hay, incluso, un libro titulado “Epidemia Narcisista”, escrito por los profesores de Psicología Jean M. Twenge y W. Keith Campbell, que expresa que el narcisismo ha crecido en su país tan rápido como la obesidad, también, desde la década de los 80.

Y es muy fácil, muy fácil, que te haya tocado un narcisisista

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