Calla me by your name o la glamourización de un abuso

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Esta semana se estrena esta película: #CallMeByYourName
Es una película exquisitamente realizada e interpretada, pero que juega una carta muy peligrosa: la del “teen porn”. El teenporn es un tipo de porno en el que un adulto tiene sexo con un/a adolescente. En algunos casos es real, en otros se hace un truco: se utiliza a un actor o actriz mayor de edad pero que parezca adolescente. El caso de este actor que veis, Timothé Chalante, o el de Amarna Miller, que también suele hacer teen porn.
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– En esta película los actores tenían 29 y 19 años. Pero, como veis, parece que tengan 30 y 14. Y así el director puede permitirse rodar escenas eróticas man-boy dentro de la más estricta legalidad, y con el aplauso unánime de la crítica. A mí me parece moralmente muy cuestionable.
– Cuando un hombre adulto seduce a un/a adolescente se aprovecha del hecho de que el/la adolescente normalmente sí desea hacerlo, y además tiene una carencia afectiva (en la película el chico es “el chico raro” de su entorno, es exageradamente sensible y es bisexual en los años 80, cuando la homofobia era aún peor que ahora). Así que él seducido o seducida entra en la relación, en principio, porque lo desea: busca amor y sexo. Pero entra en una relación desigual, en la que su amante tiene mucha más experiencia de vida, una posición clara de superioridad y la capacidad para manipularle. Entra como subordinado o subordinada, no como igual. Y para colmo entra en una relación marcada por el secreto y la culpa. Y está relación marca todas sus relaciones posteriores.
– En “Por qué el amor nos duele tanto” la protagonista carga una historia así, pero no solo ella. Otro personaje que se encuentra también la carga. Y, como suele suceder, ninguno se lo cuenta al otro. Pero ambos se reconocen y se atraen. Los dos son intensamente dependientes, beben de más y están volcados en satisfacciones externas para compensar una falta de autoestima abisal.
– Si los abusos sexuales son un tema tabú en general, la situación se exacerba en la comunidad #LGBTI, en la que el tema o no sé toca o incluso se trata con mucha laxitud. Y todavía se romantiza , como en esta película, la relación erasta-efebo, se glamouriza  y se legitima.

 

Hasta que la comunidad LGBTQ aprenda a diferir el problema sistemático de la violencia sexual, que afecta a los supervivientes y es cometida por sus propios miembros, esta clase de glamourización cultural del abuso continuará. El comportamiento que da soporte a la masculinidad hegemónica patriarcal y violenta nhay que cogerlo con pizas. Un abuso sexual no es algo que se deba glamourizar. La película es buenísima, pero alguien debería decir que si el chico llora como una magadalena en la escena final no es por amor, sino por una razón mucho más densa: porque le han utilizado.