Víctor Clavijo

“Cualquier premio en el ego del actor siempre es importante”

por DAVID HERNÁNDEZ

 

 

Una tarde de febrero en el barrio La Latina de Madrid. Uno de esos lugares que está de moda en la ciudad para tomar unos vinos, tapear o disfrutar simplemente de un café. Aunque la temperatura no es suficientemente cálida, los rayos de sol invitan a sentarse en una terraza. Así lo hacemos. Es pronto. Son las 16.15. Hora de tomarse un café. Sin embargo, el camarero nos dice que no sirven bebidas calientes. ¡Claro, es lógico, estamos en febrero! ¿A quién se le ocurre pedir una bebida caliente en invierno,  en una terraza, cuando los termómetros no superan los 10º?  Caminamos un poco más y, por fin, encontramos un lugar tranquilo y apacible.

Ahora, Víctor Clavijo puede permitirse momentos como éste, sin que todas las miradas apunten hacia él ni se acerquen a pedirle autógrafos cada dos por tres. Ha madurado y su público también. En su currículum se amontonan más de una veintena de largometrajes, otros tantos cortometrajes, series de televisión y obras de teatro. Una carrera actoral consolidada que despuntó con una serie adolescente de la que surgió toda una generación de actores a la que pertenecen Elsa Pataky, Pilar López de Ayala, Mariano Alameda y Rubén Ochandiano.

–       ¿Qué supuso para ti ‘Al salir de clase’?

–       Un entrenamiento brutal y también una plataforma para darme a conocer. Era como un gimnasio en el que no solamente fortalecía el músculo actoral. Te enfrentabas a secuencias a veces muy difíciles de sostener, encuentras recursos de ti que, de algún modo, todavía no habías explorado.

–       ¿Ves alguna diferencia entre vosotros y la nueva generación de actores que está surgiendo de series como ‘El Internado’ o ‘Física o Química’?

–       Quizá hoy en día tengan más espontaneidad los actores jóvenes, pero quizá también porque la gente está más acostumbrada a trabajar delante de una cámara de vídeo. Hoy todos los actores jóvenes tienen sus cámaras, sus iPhones… y están más acostumbrados. Pero, aparte de eso, básicamente no hay ninguna diferencia.

–       ¿Cómo llevabas ser un ídolo adolescente?

–       Mi personaje no era un tipo a considerar como ídolo juvenil. Era el más feo de todo el plantel de actores, sin menospreciarme demasiado, todos los demás eran más atractivos, y mi personaje era el más cabroncete. Luego me he dado cuenta que a muchas tías les ponía y también ha habido tíos que me han dicho que era su ídolo. Tal vez porque el mío les metía caña a los personajes pijos de la serie y eso les gustaba o les hacía gracia. Pero en su momento no fui consciente de ello. Sí de que todo el mundo te miraba por la calle, pero no sufrí un acoso más intenso como sufrieron otros compañeros de la serie.

–       ¿Es más agradecido el público adolescente o el adulto?

–       El adulto. Creo que el adolescente, en general, lo que ve es la cáscara más allá del talento o el esfuerzo que haya detrás. La gente más mayor sí aprecia eso. La gente joven está más influenciada por todo lo que le lanzan mediáticamente, ya sea un producto de consumo rápido, y los actores muchas veces, en estas series, somos productos de consumo rápido. De repente les encanta un actor que sale en una serie y se hacen fan y, a los dos meses, sale otra serie, se hacen fan de uno nuevo y del otro se olvidan.

Mientras charlamos, se escuchan los pasos de la Semana Santa. Alguna cofradía de alrededor está ensayando para la fecha. La música rebota en las paredes empedradas e irregulares de esas callejuelas que nos transportan al Madrid de 1890. A Víctor le cuesta reconocer de día esa zona en la que rodó su última película con José Luis Garci, hace tan solo unas semanas. Un filme que ofrecerá un repaso al Madrid de esa época con personajes galdosianos, el ambiente cabaretero, las combinaciones de ministros y el ambiente de palacio. Servirán de telón de fondo en un thriller en el que Sherlock Holmes y Watson seguirán la pista de Jack el Destripador por España. Víctor ha encarnado a decenas de personajes, pero todavía le quedan muchos por delante.

–       ¿Algún personaje que te gustaría interpretar?

–       Personajes muy extremos. Posiblemente un travesti podría ser muy interesante en cuanto a composición. También una persona con una discapacidad física o psíquica son siempre muy interesantes. También los malos, con cierta tara mental, o los psicópatas. Personajes que requieran una composición más allá de tu energía natural.

–       ¿Lo del travesti es una indirecta para que te llame Almodóvar?

–       No (risas). Pero, si de repente lo ve, y le llama la atención, por mí encantado. Mi actor original, por así decirlo, ya de pequeño me hacía disfrazarme. Esa capacidad de disfrazarte y vestirte y ser otro… cuanto más, mejor, siempre y cuando sea creíble. Lo que pasa que, muchas veces, en cine y televisión, los directores no se suelen atrever a darte un personaje de composición.

–       Quizá ahí se encuentre una nueva nominación al Goya. Siempre has soñado con ello, hasta que te nominaron, después dejaste de fantasear con la idea convencido de que no te lo ibas a llevar. ¿Ahora, vuelves a soñar con él?

–       Sí, tengo los Goya muy mitificados. Es la noche del cine español y es un galardón bonito, que representa que tu trabajo ha sido de los que más ha gustado ese año, lo que supone que lo has hecho bien. Cualquier premio en el ego del actor siempre es importante.

Después de tantos sets de rodajes y tantos escenarios recorridos, Víctor cuenta con una larga lista de anécdotas. En una película se abrió la cabeza. “Me di un golpe durante una secuencia con el marco de una puerta, me hice una brecha y me desplomé, siendo el protagonista de la película”, explica. Su mayor preocupación era no poder terminar el rodaje. Le dieron puntos y, con suerte, su pelo los tapaba y pudo continuar. En otra, sufrió 7 accidentes físicos y tuvo que terminarla con un parche en el ojo porque se le metió azufre y arena durante una pelea. Pero, sin duda, yo me quedo con ésta:

En una función de teatro, tuvimos que desalojar por incendio en los camerinos. Yo estaba entre cajas, actuando con Nuria González en una obra que se llamaba ‘Carnaval’, y una actriz llegó diciéndome que había fuego en los camerinos. Estábamos en un teatro que son dos plantas hacia abajo, entonces, la sensación de ratonera era brutal. Una de las veces en las que salía de escena, vi a gente con extintores. Continué actuando, pero mi corazón ya iba a mil, pensando que iba a morir allí y cuánta gente del público iba a morir conmigo. ¿Cuántas cabezas aplastaré antes de llegar a la salida? ¿Moriré en escena o en el patio de butacas? Por fin llegó la regidora y me hizo un gesto para que parase. Desalojamos el teatro y, a la salida, había 3 coches de bomberos, 2 del Samur y 3 de la policía. Algunos creyeron que formaba parte del espectáculo.”

Twitter: @_davidhernandez