Trieja. Una historia de amor diferente

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“Yo cuando vivía en  casa de mis padres estaba muy armarizado. No tenía otra opción. En una ciudad gobernada por el un señor, famoso por ser el primero en negarse a celebrar matrimonios gays y hacer declaraciones del tipo  “Incluso si la ley me habilita para casar a homosexuales, no ejerceré esa facultad ni delegaré esa competencia”.

En una ciudad en la que en Semana Santa  te puedes encontrar con una procesión de cerca de tres horas de duración donde casi no hay gente mirando porque todos están vestidos de carapuchones. O con un sermón en la plaza mayor donde cientos de beatos llenan las gradas distribuidas por la plaza a la vez que rezan el rosario por los altavoces. En una ciudad donde lo más común es ir vestido del Corte Inglés. Las niñas con minifaldas y manoletinas, y los chicos con pelo a lo Borjamari, chinos, náuticos, el polo con los cuellos levantados y la pulsera con la bandera de España. Esos chicos los fines de semana no bailan, se quedan petrificados en los locales, quietos como estatuas, bebiendo hasta vomitar en la calle y gritar eso de “Alcohol, alcohol…”. Que yo sepa, solo existen tres locales de ambiente.  Yo no me atrevía a contar nada a mi familia. Mis amigos más cercanos lo sabían, por supuesto. Pero muchos otros no. No me sentía con fuerzas para tener que explicar nada mientras estuviera en casa de mis padres

Por eso esperaba con tanta ilusión la oportunidad del Erasmus. Tenía clarísimo que en otra ciudad mi vida podría ser de otra manera. Y cuando me enteré que la ciudad que me había correspondido era Rotterdam, salté de alegría, porque es una ciudad con muchísimo ambiente gay

Cuando llegué allí pasé los primeros días en un hostel, y lo que hice fue recorrerme todos los bares gays de la ciudad y en aquellos en los que había tablón de anuncios dejaba un mensaje “Chico gay, 20 años, estudiante, beca erasmus. Busca alojamiento en habitación compartida en Rotterdam. Preferible con otros chicos gays” También dejé anuncios similares en los tablones de la Universidad.

Me llegaron muchos mensajes. Muchos de ellos de señores mayores que me ofrecían alojamiento a cambio de sexo. Entre tanto en el hostel había conocido a un chico italiano que también había llegado como Erasmus y tampoco sabía dónde empezar a  buscar. Yo no le dije que yo era hay porque tenía clarísimo que él era hetero.

Al final encontré un sitio estupendo, cerca de la facultad. Era un piso muy amplio de cuatro habitaciones. Anko, el chico que me recibió no era estudiante. Trabajaba en un restaurante. Me dijo que acababa de dejar a su novio y que él no podía pagar por sí solo el alquiler.  Me ofrecía alquilar dos habitaciones, pero la cosa se me salía de presupuesto.  Él no tenía pensado vivir con más gente, pero yo pensé que se lo podíamos proponer al italiano. Es hetero, le dije al holandés, ¿te importa? No, en absoluto, me dijo

Así que esa noche le dije a Enrico: “Mira, he encontrado un piso estupendo que tiene dos habitaciones libres. Pero el alquiler está a nombre de un chico holandés gay, y yo también soy gay, ¿te supone eso un problema?” Y entonces él me dice: “Pero si yo soy gay…” Te juro que yo no me había dado ni cuenta, me parecía el hetero más hetero del mundo. MI idea de gay era estereotípica: musculado, acicalado, depilado. Y Enrico era flaco como un silbido y parecía que se vestía con las donaciones de ropa de una parroquia.

En principio jamás pensé, te lo prometo, que pasaría lo que acabaría por pasar. Por supuesto ambos me parecían atractivos, cada uno a su manera, pero yo, quieras que no, venía de dónde venía, de una educación católica y de derechas, y soñaba con mi príncipe azul, que iba a ser guapo, de buena familia y con carrera universitaria. Ninguno de los dos cumplía las dos opciones. El primero era guapo, pero no tenía la buena familia ni la carrera. El segundo tenía la carrera, y nada más.  Y ni siquiera la había terminado

Pero en realidad, gran parte del amor es una cuestión de azar, y esa aleatoriedad no permite saber a priori de quién te vas a enamorar: si de alguien mucho mayor o mucho menor, o si de alguien tal y como lo habías imaginado o nada que ver. Tampoco te permite saber si el amor es para toda la vida o habrá muchos amores a lo largo de tu existencia. Pero, ¿qué pasaría si esos amores se dan todos al mismo tiempo? No vale que te gusten varias personas a la vez, solo cuenta si hay auténtico amor, del tipo que te da vuelta por completo

Mi problema era que esperaba a alguien que me completara, pero toda persona nace ya completa y hay nada fuera de ella que pueda completarla. Sin embargo, de acuerdo con las creencias que hemos ido generado sobre nosotros mismos y lo que somos. O sea, entorno, familia, cultura… y tal, podemos llegar a creer que no somos suficientes, que debemos completarnos y lo único que puede ayudarnos son otras personas, que están fuera de uno mismo. El error es que todo esto puede llegar a cambiar nuestros “cómo soy”  pero nunca nuestro “quién soy”. Yo soy pijo porque me han criado así, pero en realidad no soy conservador, mi ser real, mi verdadero ser, no es la persona que me han enseñado a ser. Yo creo que en el fondo de mí mismo yo creía que como ser gay era tan horrible y le iba a dar tal disgusto a mi familia, al menos debía casarme con un tipo que me completara, siendo el chico que mi familia quería que yo fuera

 

Censura

 

Para colmo, por si con la familia no fuera poco, la sociedad de consumo nos incita a cumplir unos estándares para estar completos. Si no lo hacemos, podemos ser rechazados o abandonados… Y así creemos necesitar un coche vistoso,  una casa grande y bonita, un novio muy guapo… Y luego viene la vida y te demuestra que estabas equivocado. Sé por experiencia que no pueden cobrar mayor importancia las cosas materiales que las personas. De ser así, se pagaría un precio demasiado alto

Hoy como siempre ha sido, la cultura nos pone los estándares de lo que debe ser hermoso, atractivo, y por lo mismo, nos sentimos atraídos en nuestros gustos hacia esos estereotipos. Sin embargo, cuando vamos a algo más profundo, a algo que nos toca como seres humanos, que nos caracteriza como lo que somos, encontramos que lo que amamos no es necesariamente lo más hermoso a simple vista, o lo más atractivo, ni aquello que queremos gritar a los cuatro vientos.  Yo me descubrí atraído por igual por Enrico, que no era guapo, y por Anko, que no tenía carrera, ni cultura. Y es que existen aspectos que nos hace amar más a una persona que el simple físico que su éxito profesional.  Si no… ¿cómo se explicaría que un par de ancianitos se sigan agarrando de la mano como dos novios? ¿O que alguien siga amando a su pareja cuando está desfigurada por un accidente o cuando ha perdido su trabajo?
Es cierto, el físico o el éxito social  puede atraer mucho, pero lo que a mí me cautivó fue lo que nunca había vivido: empatía, compromiso, respeto, comprensión, cariño, confianza. Eso yo no lo vi en el matrimonio de mis padres, ni en mi familia. Mis padres son muy rígidos y controladores, todo el amor que daban era condicionado. Solo te querían si eras como ellos deseaban que fueras. No te aceptaban si eras de otra manera. En Rotterdam me sentí aceptado y querido por primera vez.

Lo nuestro primero empezó siendo una relación de compañeros de piso y después evolucionó a otra cosa. Cuando convives con compañeros de piso hay unas reglas normales para la convivencia que no tienen que estar preestablecidas por la cultura, sino que tienen que ser pactadas. En nuestro caso Enrico y yo teníamos caracteres más fuertes, más latinos, pero  casi no peleábamos Anko siempre hacía de intermediario, nuestras peleas no duran más de 10 minutos. En lo económico era maravilloso,  no había s y los tres aportábamos en cantidades iguales y teníamos s los mismos derechos y el mismo poder de decisión. Cuando vienes de una  familia en la que todo se hace “porque sí”  sentirte respetado y escuchado es muy importante. Y este nivel de respeto entre iguales para mí fue maravilloso. Lo de ser compañeros de piso, bien llevado,  una democracia llevada al extremo porque todo había que discutirlo, desde lo que se compra para el mercado o cualquier cosa para la casa, hay que escuchar lo que piensa el otro para poder decidir. Hablábamos mucho todo el tiempo y eso era una riqueza muy grande, éramos tres miradas distintas y eso nos aportaba mucha creatividad y variedad…

Conversábamos mucho porque siempre hay una tercera voz, en una pareja es muy fácil imponer el criterio, pero aquí no. Teníamos muy claras las reglas de la sostenibilidad de la casa, no sólo desde lo económico, sino  también desde la rutina de mantenimiento. Cuando se vive a tres  hay montones de anécdotas para contar y compartir, desde la cotidianidad y manera de ser de cada uno, siempre llegamos a contarnos  muy divertidas de cada uno. Al ser los tres tan diferentes y venir de mundos tan opuestos, nos complementábamos mucho. Una relación no se puede basar en que a los dos les gusten las mismas cosas, el cine, la playa, o cualquier afición. Quizás esto parece lo más importante para otras personas, pero ya no, para mí. Es genial poder coincidir en gustos, modos de vida y en general con aspectos que dan la sensación de que dos personas encajan. Pero para mí, hay algo mucho más importante para que una relación funcione: con ello me refiero al cariño, al amor, a sentirte bien cómo eres, sin pensar que tienes que actuar de una manera u otra para sentirte querido, valorado y respetado. Ten en cuenta que ninguno disponíamos de mucho dinero y además Rotterdam en invierno es muy frío, así que pasábamos mucho tiempo en casa y compartíamos muchísimo tiempo juntos. Nos era fácil vivir entre tres que entre dos, porque no había posibilidad de radicalismos o polaridades porque siempre había  un tercero que es el polo a tierra y eso hacía  que se redujera la posibilidad de conflicto.

Yo ya había fantaseado con acostarme con ellos antes de que sucediera. Cuando pasó,  era como si ya lo hubiese vivido. Nos tocó romper la idea que el otro es propiedad de uno. Teníamos momentos de a dos o momentos de a tres.  Dormíamos juntos, a veces los tres, a veces dos, a veces los tres por separado, teníamos  sexo los tres o a veces dos, a veces con otras personas. No había monotonía ni en el afecto, ni en la ternura y en lo sexual hay muchas posibilidades.

Yo no tenía preferencias por uno o por otro, pero hay momentos, circunstancias o formas de ser, en que uno puede ser más demandante y pareciera que se le quisiera más pero en realidad se les quiere por igual. Y te quieren por igual.  El amor es por igual, las circunstancias y la manera de vivenciarlos pueden cambiar por la personalidad de cada uno, pero el amor es igual y eso se siente.
La ética de la trieja implica un compromiso de amor y no solamente de gusto sexual o pasajero por el otro. Los tres estábamos  enamorados de los tres. No ras una relación de cama en donde hay una pareja con un amante, ni un juego. .  Y en la cama era una delicia: somos tres hombres explorándonos, conquistándonos, descubriéndonos y seduciéndonos.

Las triejas a diferencia de las parejas no se planean, no se dice: “Quiero tener una trieja” y esta se forma porque sí, como en las parejas, que la gente primero dice “quiero un novio” y entonces se pone a buscarlo, Surge

Desde que la historia empezó yo sabía muy bien que mi beca duraba un año, y que por lo tanto eso se acabaría. Fui cobarde. Podía haber hecho lo imposible por trasladar mi expediente a la Universidad de Rotterdam, pero no me atreví. Porque en el fondo era muy niño, no estaba preparado para dar el paso. La carrera me la pagaban mis padres y ellos me mantenían, no me sentía preparado para trabajar y estudiar al mismo tiempo, mucho menos para dejar la carrera

Lo bueno de estas relaciones es que no acaban, solo se transforman. Si tienes una pareja tradicional normalmente se acaba como enemigos, o a los menos distanciados. Nosotros seguimos en contacto. Anko vive ahora en Berlín. Tiene un novio alemán, en pareja abierta. He ido a verles dos veces y hemos pasado momentos maravillosos los tres. Enrico vive en Vincenza, sea casado… con una mujer. No estaba yo tan equivocado. Pero su mujer sabe todo y lo acepta. Vinieron a verme a Madrid hace poco y yo hice de guía por la ciudad.

Creo que tuve una inmensa suerte al haber podido vivir una historia tan bonita siendo tan joven. Una historia que tuvo un poderoso efecto transformador y que me convirtió en la persona que soy ahora. Es impresionante la influencia que ejerce sobre nosotros el poder transformador de la curiosidad y la búsqueda. El enamoramiento, cuando llega de esa manera, de una forma tan diferente, es una experiencia mística. Si no lo has vivido, no te lo puedo explicar. Como un experimento revelador que desafía las leyes de  la naturaleza. Uno siempre es mejor persona después de haberse adentrando en el interior de otro ser humano intentando comprenderlo.

Pero que nuestra cultura, hasta la considerada más ajena a la religión, está completamente sumergida y con frecuencia apoyada en esas viejas ideas de la moral cristiana, creadas hace cientos de años¿Cuánto daño ha hecho toda esta propaganda, convencional, limitante  y castradora sobre lo que debe ser o no ser el amor y cómo debemos vivirlo? ¿Cómo hubiese sido nuestro mundo si hubiésemos podido crecer sin miedos? 

Lo que nosotros creemos que sabemos afectos y vínculos entre personas que hoy se admiten como correctos, hunden sus raíces en el peso de las tradiciones y la cultura. Luego, la experiencia personal te enseña otras cosas.

Pero mucha gente se queda en vidas estériles, vidas como la que hubiera tenido yo si no hubiera salido de mi ciudad, por no haber tenido el valor de vivir en soledad saltándose las reglas: ¿Somos capaces de amar sin ese absurdo y demoledor sentido de la propiedad? ¿Nos hemos planteado alguna vez qué tipo de relación necesitamos?, ¿tenemos miedo a ser libres?, ¿somos todo lo sinceros que deberíamos ser con nosotros mismos? Mucha gente no se pregunta nunca eso.  Pero yo creo que si el amor tiene algún futuro, es sin duda alguna en libertad. El miedo y el sentido de la propiedad no conducen a nada más que a la sumisión. ¿Y quién quiere convivir con una persona anulada?