El burka de occidente y el misterio de las tallas

Fátima Mernissi reflexiona en “El harén en Occidente” sobre LA violencia subyacente que sufrimos diariamente desde que somos niñas”

La escritora llega a la conclusión  “a diferencia del hombre musulmán, que establece su dominación por medio del uso del espacio (cuando excluye a la mujer de la arena pública), el occidental manipula el tiempo y la luz.

El hombre occidental afirma que la mujer es bella cuando aparenta catorce año. Y al dar el máximo de importancia a esa imagen de niña y fijarla en la iconografía como ideal de belleza, condena a la invisibilidad a la mujer madura. . Mientras los ayatolás consideran a la mujer según el uso que haga del velo, en Occidente son sus caderas orondas las que la señalan y marginan… El objetivo es el mismo en ambos casos

El poder del hombre occidental reside en dictar cómo debe vestirse la mujer y qué aspecto debe tener. Es el hombre quien controla la industria de la moda, desde la cosmética hasta la ropa interior.

“Me di cuenta de que Occidente es la única parte del mundo donde las cuestiones de la moda femenina son un negocio dirigido por hombres. En países como Marruecos la moda es cosa de mujeres.”

“¡Qué espanto si a los fundamentalistas les diera por imponer no solo el velo, sino también la talla 38!” 

Las mujeres occidentales observan con estupor las cadenas que Oriente impone a las mujeres.

Y las mujeres orientales observan con estupor las cadenas que Occidente impone a las mujeres.

Ambas estamos en lucha para liberarnos de burkas y tallas sintiéndonos bien en nuestra piel. 

 

 

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SI NO ERES RICA ERES GORDA por EVA CORNUDELLA:

 

Se dice hasta la saciedad, pero no por mucho repetir entra en la cabeza de las supercadenas de tiendas de ropa low cost.

Así que vamos al trapo, nunca mejor dicho.

Ayer fui con mi hija a comprar unos vaqueros a una tienda de las usuales en personas de la edad de mi hija. No digo la marca para no tener problemas pero es fácil, puede ser cualquiera de las 2 o 3 que abanderan la moda “rápida” actual.

Digo rápida porque todo va al vuelo; prendas por los suelos, dependientas provistas de auriculares (que no necesitan porque se chillan de una punta a otra) pidiendo a sus compañeras más productos o más tallas, etc etc.

La cuestión es que, de entrada, el tema daba para irse directamente al encargado de compras y ventas y preguntarle:

1.- ¿Por qué se venden shorts cortísimos para pleno otoño-invierno?. Me dirá que se llevan con medias gruesas. Sí, pero ahí va la segunda pregunta:

2.- ¿Es realmente estético un short deshilachado color blanco con medias gruesas y unos zapatos gruesísimos que no me pondría yo ni para ir a la Selva Negra a menos 6 grados?

Me dirá que sí porque es “lo que se lleva”. De ahí nace la tercera observación:

3.- ¿Qué es lo que se lleva?

Por lo que vi: las partes de arriba se dividen entre jerseis de punto grueso y chaquetas de peluche, o blusitas lenceras de tirantes, idénticas a las del verano pero en colores “de otoño”, entiéndase: granate, caqui, o de terciopelo. En fin, o te abrasas o te mueres de frío.

Sin olvidar que el diseñador se ha dejado los codos en la colección otoño-invierno, ya que se va a vestir igualito que en verano: short y tirantes, salvo la chaqueta de peluche de encima, claro está.

También está la opción de comprarse una chaquetas bomber, ¿recordáis? Sí, sí, aquellas que en los 80 o 90 llevaban los skin heads y de las que huíamos como del agua hirviendo.

Ahora las bombers son el último grito.

Resultado de imagen de chaquetas bomber

 

4.- Pero vamos a lo mejor: las tallas.

Mi hija lleva una 38, a veces hasta una 36 o la 40, según el patrón.

Cuando cogimos el vaquero de esa talla y lo desplegamos, aquello daba risa.

Creo que he visto pantalones talla 10 de mi hijo más grandes que esa 38.

El tema era tan alarmante como para irse con ellos a consumo y ponerles una denuncia de plana mayor.

La anchura del pantalón en cadera no era más de un palmo y medio, y en cintura ya ni os digo.

Así que nos fuimos directos a la 40, que debía ser una 36 habitual holgada, y mi hija se lo calzó.

Como me había fijado en unos pantalones azul marino tipo 5 bolsillos fui a ver si había tallas para mi y ahí ya nos hartamos de reír.

Vamos a ver; yo llevo una 42, en ocasiones la 40 si son patrones holgados, y hasta una 44 cuando voy a Benetton o sitios así (que también se las traen).

De entrada no vi NI UNA 42. La talla más grande en la tienda era una 40 escuálida.

Parece ser, por el etiquetaje, que la 42 existe, pero puedo asegurar que no logré encontrar ni un solo modelo con esa talla.

Además todos los pantalones eran SKINNI, es decir, pegados a la pierna como leotardos. Ni uno solo era modelo regular.

Esto que está explicado en clave de humor lo cierto es que me parece muy triste.

Hay miles de mujeres que van a comprar a estas tiendas, y es una auténtica vergüenza tanto el tallaje como el hecho de que la talla más grande disponible sea una 40 de pena.

Tampoco son reales las tallas 42 y 44 que se encuentran en muchas de estas cadenas de ropa.

Si yo me pruebo una 42 de JOCAVI o de ANINOTO o de ARMANI, y me gasto 100 euros, el pantalón me cae a la perfección. Una 42 de esas tiendas ni me entra y una 44 hasta ajusta.

Además hay muchísimas personas que llevan o llevamos tallas que no se pueden incardinar dentro de las llamadas tallas grandes.

Esa tierra de nadie de las personas de talla media no tiene mercado low cost.

Y todo ello lanza a las personas de cabeza a ideas frustrantes e irreales sobre su cuerpo y aspecto físico.

CONCLUSIÓN: Si eres rica eres delgada, si tu presupuesto es limitado no tenemos ropa para ti, ¡gorda!

 

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La ‘moda rápida’es un nuevo modelo de consumo de ropa que se va imponiendo a base de ‘democratizar’ el negocio textil.  Se lanzan  muchas colecciones de ropa al año y a un precio muy asequible, con el objetivo de que las pueda comprar todo el mundo y de forma más frecuente. El problema llega cuando se profundiza en el submundo que sostiene este tinglado y se destapan sus consecuencias negativas:deslocalización, condiciones laborales esclavizantes, impacto en el medio ambiente…Las obreras del sudeste asiático que trabajan en los talleres que proveen a estas tiendas trabajan en régimen de semiesclavitud. Y todo para cobrar un raquítico salario cuya cuantía queda reflejada una e frase que lo dice todo : ” Cinco jerseis valen como mi sueldo».