Salir del armario de la superdotación

mireia

 

Por Mireia Long

 

Parece que ser superdotado y no callarlo es una provocación. Pero solamente lo es para los que se mueven en el territorio de la ignorancia sobre esta cuestión y siente cierto placer bárbaro en el insulto y la agresión verbal. Por decirlo de algún modo, no me sorprende, y menos en este país que tan poco valora y conoce los placeres de la cultura o el valor inmenso que tiene la inteligencia para el progreso humano.
 
Los seres humanos somos diversos. Una de las grandes maravillas de nuestra especie y un objetivo de cualquier sociedad avanzada es abrazar esa diversidad y potenciar los talentos de cada persona para que den la mejor versión de sí mismos, sean felices, se realicen y aporten al conjunto de la sociedad todo lo bueno que puedan dar.
 
Todos los seres humanos somos inteligentes, cada uno tiene además talentos y capacidades que lo hacen único. Y, dentro de la diversidad humana, hay personas con una inteligencia especialmente alta, superior a la media, que se valora objetivamente a través de pruebas estandarizadas que incluyen su cociente intelectual (CI) y otros aspectos como la creatividad o los talentos en áreas específicas. La Organización Mundial de la Salud considera aplicable el término a una persona que cuenta con un coeficiente intelectual superior a 130. Se estima que un 2% de las personas reúnen los requisitos para ser considerados como superdotados. Existen hoy otros criterios más complejos, especialmente reseñables los de Renzulli.
 
Las personas de Altas Capacidades no es solo que puntúen en test estandarizados con resultados superiores a ese 130. Hoy se está trabajando en estudios científicos que apuntan a una organización cerebral con mayor desarrollo de áreas de la corteza que les permiten tener mejor memoria, capacidad de síntesis, pensamiento divergente, capacidad de análisis y creatividad, siempre, claro está, que su entorno sea el adecuado.
 
Negar que existen personas con estas características es, simplemente, idiota. ¿Son mejores los superdotados? Pensar eso sería otra idiotez. Tener un cerebro rápido, curioso, flexible y brillante es solo una característica más. Puede ayudarnos a contribuir notablemente al desarrollo y el progreso, de hecho, los grandes pensadores e innovadores del pasado hoy serían, posiblemente, reconocidos como superdotados. Pero, realmente, ser superdotado no te va a hacer mejor persona, ni más capaz de lograr el éxito (sea lo que sea eso), ni más feliz, como tampoco te lo va a dar ser más alto, más rápido o tener una salud de hierro.
 
Sin embargo existe, al menos en España y en algunos casos, cierto rechazo al superdotado (niño o adulto), como si debiera esconder su talento o su capacidad. Nadie acusaría a un genio deportivo de ser presuntuoso por mencionar o mostrar su talento, o explicar que ha conseguido una medalla olímpica o un record gracias a su capacidad y su esfuerzo. Con el cerebro pasa otra cosa. Somos un país paleto, que rechaza la cultura, se harta de ver telebasura, desprecia a los mejores cerebros que han de marcharse fuera y machaca a cualquiera que se salga de la norma.  Y que exige que, si no eres catedrático cuando menos, escondas como si de un secreto sucio se tratara que eres una persona de altas capacidades intelectuales.
 
Las niñas y las mujeres son, por supuesto, especialmente enculturadas en el mandato de no destacar. Tanto es así, que, incluso con el panorama vergonzoso de la detección de niños de altas capacidades por el sistema escolar (muchos, la inmensa mayoría, son ignorados), en el caso de las niñas las cifras son llamativamente inferiores, pues el mensaje que reciben es que si dicen o muestran que son inteligentes serán despreciadas. De ellas se espera que sean guapas, amables y agradables, no genios, no científicas. Pero no quiero centrar este artículo en la menor detección de altas capacidades en las niñas, algo real y achacable a causas sociales, todos los niños lo sufren en cierta medida.
 
Primero, solo se detecta a una minoría. Segundo, muchas veces sus maestros y orientadores parecen perdidos, rechazan de primeras una evaluación, especialmente si los resultados académicos no son brillantes, haciendo pasar verdaderos calvarios a esos niños y sus familias. Y tercero, las medidas de apoyo educativo suelen ser bastante deficitarias y poco motivantes para ellos.
 
Los niños de altas capacidades y, en general, las personas de altas capacidades, necesitan poder aprender y desarrollar su capacidad en un entorno adecuado. Ese entorno educativo no es, con pocas excepciones, el que ofrece un sistema escolar repetitivo, que premia la memorización, que aumenta el estrés y la competitividad, que no fomenta el talento o el deseo de saber autónomo. Además, muchas veces las personas de Altas Capacidades tienen una gran delicadeza de sentimientos, son sensibles, y el machaque del sistema unido a lo habitual del acoso contra los “empollones” o “sabiondos”, el rechazo al conocimiento, les provoca ansiedad y problemas de autoestima. El resultado es este: muchos, muchos, muchos, de los niños con Altas Capacidades, tienen fracaso escolar. Tiramos su talento y su fuerza interior a la basura. Desperdiciamos sus mentes brillantes. Y nos condenamos a seguir siendo un país paleto, pobre, sin criterio y sin futuro.
 
Las personas de Altas Capacidades y, especialmente los niños, no solo son rápidos en el aprendizaje y en la resolución de problemas con respuestas innovadoras, también presentan otras características: intensidad emocional e hipersensibilidad sensorial. Muchos niños problemáticos, considerados hiperactivos o señalados como difíciles, son niños aburridos y hartos, pero con altas capacidades sin detectar, lo que les hace vivir con sufrimiento y no entender qué les hace diferentes.
 
Porque sí, los niños y los adultos de Altas Capacidades se sienten diferentes en su manera de entender las relaciones y los procesos de pensamiento. Pero como cualquier ser humano ansían ser amados y aceptados, sin tener que esconderse en un armario.  Ninguno pediríamos que alguien esconda su sexualidad, pero seguimos penalizando la inteligencia. Así que el camino elegido para ser aceptados puede ser muy variado: depresión, huida hacia dentro, sentirse inadecuado, desarrollar comportamientos hostiles o sencillamente, tratar de disimular y hacerse invisible tratando de parecer “normal”, como si no fuera normal ser como es él.
 
Las minorías no son aceptadas. Lo diferente es rechazado. El amar la cultura o el conocimiento es raro, de frikis, de perdedores. Hay que “ser normal”. Y eso en la escuela, y en la vida, supone que quien sale del armario se juegue el sufrir acoso, insultos y desprecios. Y más, si cabe, si es una mujer, tenía que decirlo. Y si es en el colegio, se convierte en una víctima de burlas y bullying si los adultos no saben remediarlo.
 
Yo también soy superdotada. Si tenéis curiosidad mi CI es de 165. No soy mejor que nadie por eso. Ni siquiera soy más rica, más feliz (que lo soy), ni tengo más títulos. Uso mi mente para conectar ideas, personas, para construir un futuro mejor para los niños, innovo, estudio, aprendo y me atrevo a ayudar a quien quiera seguir ese camino. Lo que más me divierte en la vida es usar mi mente y aprender. Lo hago gracias a mi cerebro, además de haber desarrollado otras herramientas que nada tienen que ver con mi CI, pero desde luego me gusta ser como soy y me niego a tener que esconderlo para no sufrir insultos, como ha sucedido en Twitter por la simple mención de Lucía Etxebarria sobre su pertenencia a Mensa. Salgo del armario porque al salir yo del armario no solo soy más fuerte y más coherente, sino que puedo ayudar a que otros dejen de esconder lo que son.

 

Mireia Long. Co-directora y fundadora de La Pedagogía Blanca. Experta en antropología de la crianza y la educación, en pensamiento divergente, en establecer límites sin castigos y comunicación no-violenta, en aprendizaje online y cooperativo, en organización de espacios educativos y en altas capacidades.
Licenciada en Geografía e Historia, profesora, conferenciante, madre homeschooler. Ha trabajado además como periodista, publicista y actriz. Autora de los libros: “Una nueva maternidad” y “Una nueva paternidad”.

www.pedagogiablanca.net
http://mireialong.com/

8 comments for “Salir del armario de la superdotación

  1. Eva
    5 marzo, 2016 at 14:08

    Muy acertado el artículo. Me ha encantado.

  2. 5 marzo, 2016 at 18:27

    Gracias por poner en palabras lo que llevo tiempo pensando. Que sea o no de altas capacidades no me hace mejor ni peor que otras personas, me hace diferente, y son esas diferencias las que se deben respetar. Tanto en adultos ocmo en niños.
    Saber comprender qué pasa por la cabeza de esas personas hace que la vida para todos sea más fácil.
    Gracias.

  3. Diego Garcia
    7 marzo, 2016 at 07:54

    Quisiera que me hubieses aconsejado en mi edad escolar o por lo menos haber tenido las cosas tan claras a nivel social y seguir mis ideales y pensamientos dictados por mi cerebro aun siendo poco entendibles para los de mi alrededor. No hubiese tenido tanta vida social pero seguro que ahora a mis cuarentitantos lo estaría agradeciendo muchísimo por todas las cosas que habría Hecho académicamente habLando, en vez de dedicarme a caerle bien a la sociedad y restringir mi cerebro durante toda una vida para no resaltar y sentirme incomprendido.
    Mi lema era: “mejor soltar una gracia y que haya carjadas, a soltar una idea de las mías y que la respuesta sea : ¿¿¿que dices??? .Pero ahora, gracias a personas como tu, que tengo como ejemplo, no me importa mostrarme tal y como soy, “mas vale tarde que nunca”, ¿no crees?.
    Gracias Mireia Long por este articulo me a hecho reflexionar de nuevo sobre este tema.

  4. 7 marzo, 2016 at 12:13

    Excelente artículo, Mireia Long. Me ha encantado. Creo que este tipo de textos son de gran ayuda para muchas familias. Te felicito por tu labor. Un beso grande. Mónica

  5. 7 marzo, 2016 at 14:41

    Gracias Mireia Long por poner palabras al sentir (acallado) de tantas personas.

  6. 7 marzo, 2016 at 16:56

    Todo lo que implique mayor libertad y respeto es un apoyo enorme para los que se esconden (por la causa que sea) y puede abrir la mente un poco a los que prefieren la homogeneidad.
    Como es habitual en ti, abriendo puertas.
    Estupenda.

  7. Eva
    7 marzo, 2016 at 19:20

    Felicidades, Mireia, por este artículo y mi solidaridad con Lucía Etxebarria por las barbaridades que ha tenido que escuchar al salir del armario de la superdotación. Saberse inteligente y reivindicar la inteligencia como un valor al servicio de la sociedad no está bien visto, tampoco, lamentablemente, en la escuela.

    Me alegré cuando supe que mi hijo, de altas capacidades, niño tímido y muy discreto cuya autoestima vengo intentando cuidar y fomentar durante toda su vida, se había atrevido a decir en clase que es inteligente. Se lo dijo en petit comité a tres compañeros, cuando la profesora les preguntó qué cualidades creían que podían aportar al grupo de trabajo. Él se animó a responder que es inteligente y que podía poner su inteligencia al servicio del grupo. Y a mí me gustó saberlo cuando me lo contó la profesora pero… SORPRESA, ¡¡¡¡a la profesora no le gustó!!!!

    Por esta vez (me dijo) no le había censurado el gesto, pero no le pareció adecuado porque “en esta escuela lo que fomentamos es el esfuerzo”. Está visto que la inteligencia no la fomentan, no. Así seguimos, sin actividades de enriquecimiento en clase para niños de altas capacidades como mi hijo y tantos otros, porque ofrecerles actividades acordes a sus necesidades específicas sería “hacerlos diferentes a los ojos de sus compañeros”. Mejor que sigan aburriéndose, que a aburrirse, tal y como también me ha hecho ver esta profesora, “tendrá que acostumbrarse”.

  8. Curlies
    8 marzo, 2016 at 10:40

    No puede expresarse mejor.Gracias.

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