País corrupto

 

Veraneo en un pequeñísimo pueblo al sur de Marruecos. Cada vez que invito a un amigo, alucina con la corrupción marroquí, pese a que ya vaya avisado.

Por ejemplo, si un policía marroquí te para en la carretera, es bastante probable que lo haga simplemente porque tu matrícula es extranjera y espera un soborno. Si eres lo suficientemente listo y amable, y te enfrentas con él (aviso, para eso hay que tener mucho aguante y mucha mano izquierda), no tendrás que pagar nada.

Incluso si de verdad hubieras cometido una infracción, es posible que te libres de la multa si llegas a un acuerdo con el agente.

Conseguir cualquier cosa, desde una licencia de construcción hasta un fontanero, depende de tus relaciones y de lo que estés dispuesto a gastarte en propinas.  La corrupción es ingrediente indispensable del plato del que se alimentan a diario los marroquíes.

Los españoles nos escandalizamos cuando vamos a Marruecos.

Los canadienses, los alemanes, los holandeses, se escandalizan cuando vienen a España a comprar un piso y la propia agencia inmobiliaria les sugiere que paguen una parte en negro.

Cuando saben que en la selectividad casi todos los alumnos copian.

Los periódicos europeos destacaron como hecho sorprendente que nuestro ministro de Economía hubiera sido presidente de Lehman Brothers España antes de acceder al cargo, y no acertaban a entender por qué los españoles no nos escandalizábamos.

De la misma forma que nosotros nos escandalizamos en Marruecos, los noreuropeos se escandalizan aquí: España es corrupta, y eso es asín.

Vivimos en un país corrupto. España está en el número 40 entre 170 de los estudiados por Transparency International.

¡Claro, qué bien, somos menos corruptos que Somalia o Guinea Ecuatorial!

Pero miren ustedes, por favor, los treinta y nueve países que tenemos por delante:

Dinamarca, Nueva Zelanda, Finlandia, Suecia, Singapur, Noruega, Países Bajos, Suiza, Australia, Canadá, Luxemburgo, Alemania, Islandia, Reino Unido, Barbados, Bélgica, Hong Kong, Japón, Estados Unidos, Uruguay, Irlanda, Bahamas, Chile, Francia, Santa Lucía, Austria, Emiratos Árabes, Estonia, Qatar, Bostwana, Bután, Chipre, Portugal, Puerto Rico, San Vicente, Israel, Taiwán, Brunei y Polonia.

En Europa sólo unos pocos (Malta, Grecia, Italia, Hungría, República Checa,…) figuran como más corruptos que nosotros.

(Datos de 2013. Véase http://cpi.transparency.org/cpi2013/results/)

Transparency International, la entidad transnacional sin ánimo de lucro volcada en la lucha contra la corrupción, destaca en su último informe que España, junto con sus primos de Grecia, Italia y Portugal, «adolece de una grave carencia de responsabilidad de los poderes públicos y una ineficacia, negligencia y corrupción tan enraizadas como faltas de control o sanción».

«Ya no se pueden pasar por alto los vínculos entre la corrupción y las crisis financiera y presupuestaria en estos países», señala Transparency.

De los italianos, españoles, griegos y portugueses dice que en nuestros países «la corrupción consiste con frecuencia en prácticas legales, pero no éticas».

Siempre según Transparency, estas prácticas «legales, pero no éticas» se refieren a…

—la opacidad en las reglas que rigen a los grupos de presión;

—el tráfico de influencias;

—la permeabilidad entre los sectores público y privado.

«Las Administraciones públicas de estos países carecen del marco legislativo para responder de sus actos, de mecanismos de integridad y de modos para su puesta en práctica efectiva», apunta Transparency.

corrupcion_liquida

Unos cuantos ejemplos de la permeabilidad entre los sectores público y privado en España

José María Aznar privatizó Endesa. Hoy es asesor externo de la compañía, lo que significa que recibe 200.000 euros al año por pasarse de cuando en cuando por algún consejo de administración.

Aznar es también asesor de la firma estadounidense Doheny Global Group, especializada en inversiones energéticas y medioambientales.

Además, hasta diciembre de 2008 desempeñó labores de asesoría para la italiana Falck S. p. A., del ámbito de la energía mediante biomasa. Imparte clases en la Universidad John Hopkins e integra el consejo asesor de la empresa estadounidense J. E. Roberts, centrada en el sector inmobiliario, y es consejero del grupo de comunicación News Corp., presidido por el magnate Rupert Murdoch.

Alfonso Arias Cañete, hermano del ministro de Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, es el director del área de energía nuclear en Endesa. Compañía, repetimos, que paga a Aznar doscientos mil euros al año por aparecer de cuando en cuando por la oficina.

Felipe González es consejero independiente de Gas Natural Fenosa, y recibe 126.500 euros anuales.

Elena Salgado fue contratada, inmediatamente después de abandonar la vicepresidencia de Asuntos Económicos, por Endesa. Percibe unos cuarenta mil euros anuales. Mientras ejerció como ministra, su Gobierno favoreció claramente los intereses de dicha compañía.

Luis de Guindos fue presidente ejecutivo de Lehman Brothers, el banco responsable del seísmo que estuvo detrás de la crisis financiera y económica. La quiebra de Lehman Brothers hundió a los ahorradores españoles. Pocos días antes del crac bancario, De Guindos tranquilizaba a la prensa española diciendo que «eso nunca sucedería». Si entonces no fue capaz de predecir lo que se le avecinaba a su empresa —a una sola empresa—, ¿qué nos espera a nosotros? ¿Cuál es su credibilidad?

Pedro Morenés, el ministro de Defensa, desde mediados de 2005 y hasta hace pocos meses ha sido consejero o representante de Instalaza, empresa fabricante de municiones y bombas especialmente deleznables como, por ejemplo, las llamadas bombas racimo, sobre las que en 2008 un tratado internacional suscrito por ciento siete países estableció la prohibición de uso, desarrollo y fabricación. También ha formado parte del consejo de administración de SAPA, la empresa guipuzcoana de la familia del presidente de la Real, Jokin Aperribay, especializada en carros de combate, cañones y otros elementos de artillería.

Y presidente de la empresa Kuitver Estudios, especializada en I + D + i; cuyos miembros se definen como «asesores tecnológicos que basan su acción en el conocimiento del sistema y de las personas que lo gestionan». Algunos de los que hasta ahora eran los principales clientes de Kuitver, en concreto los ligados al sector de «seguridad y defensa», como Indra, Instalaza, INTA, Amper, Ariex Complex…, o las vascas Sener, SAPA-Placencia, ITP o Aernnova —es decir, «lo más granado» de la vergonzante industria militar vasca— estarán encantados de su nombramiento.

También fue presidente y consejero de la empresa de seguridad privada Segur Ibérica, la que, por cierto, ha recibido adjudicaciones de contratos públicos en los últimos tres años (algunos aún en vigor) por valor de más de 4 millones de euros para la vigilancia y seguridad de diversas dependencias.