Misoginia y terrorismo

Responsabilizamos a la víctima. Denuncia, se le dice. Pero la realidad es que dar el paso a la denuncia es un peligro añadido, sobre todo si lo que vas a recibir es abandono, acoso, burla, negación y desprotección. El violento, que muchas veces lleva años de dominio y terror, redoblará su odio. En muchas ocasiones contará con un respaldo económico y negará, por supuesto, todo lo sucedido.

Luego decimos que si no viene con graves lesiones y no puede demostrar lo que sufre, que es todo mentira.

A continuación negamos protección a la mujer y a sus hijos, que también son víctimas.

Además, obligamos a los niños a seguir teniendo contacto con el maltratador, pues llevan sus genes, sin importar que los niños son víctimas de esa violencia que ha sucedido y quedan marcados por lo que han vivido, que saben lo que ese hombre ha hecho a su madre y que nadie debería obligarles a seguir estando con él, y mucho menos a solas. Ellos están indefensos.

Y finalmente, acusamos a la madre de ponerlos en contra del maltratador.

En algún caso, le damos la custodia al maltratador o dejamos que se lleve los niños para seguir torturando y hasta matándolos.

Las instituciones animan a denunciar la violencia de género.

Los misóginos presuponen que cualquier denuncia de violencia contra las mujeres es mentira, cualquier violación era consentida o provocada, excepto si está muerta o destrozada, y aún así, incluso con las cifras oficiales que ya son abrumadoras, continúan con la negación.

Siguen jaleando a los violentos, posicionándose al lado de los terroristas.

Las instituciones penalizan a la mujer denunciante con un verdadero acoso institucional y abandono a su suerte.

Luego le obligan a dejar a sus hijos solos con el hombre que las ha torturado y las persiguen si se niegan a hacerlo.

Finalmente, cada semana, mujeres y niños son asesinados, mientras otros millares siguen siendo torturados por los terroristas misóginos.

Todos esos que defienden a maltratadores, violadores, acosadores, mentirosos, agresivos, abandonadores de sus hijos, infieles a sus compromisos, transmisores de enfermedades, puteros…¿Son los que hablan de feminazis?

Ante la misoginia, la desprotección y el abandono, ante una sociedad patriarcal, violenta con mujeres y niños, ¿debemos respetar las sentencias?

Los niños que son obligados a convivir con los verdugos de sus madres seguirán recibiendo violencia directa o indirectamente, y pueden reproducirla, naturalizarla, repetirla, ser amenazados o sufrir un entorno cargado de misoginia y odio. Hay miles de niños en España en esta situación. Algunos llegan a ser asesinados ante la dejadez de las instituciones y a pesar del grito desesperado de sus madres.

Obligar a alguien a dejar a sus hijos con quien la ha violado, golpeado, insultado, vejado, aterrorizado y amenazado es injusto, es bárbaro, es repugnante y debemos desobedecer.

La idea de que alguien que ha agredido a la madre pueda seguir quedándose a solas con los niños debería remover las entrañas de toda la sociedad, y el que esto suceda, amparado por leyes y legiones de misóginos, solo muestra que el Patriarcado sigue rigiendo nuestras vidas, destrozando libertades y derechos, anulando los instintos de protección de los niños al poner por encima de estos los genes del hombre que los engendró.

Yo no dejaría a mi hijo con quien me hubiera agredido, jamás. ¿Lo harías tú?

 

Mireia Long

Mireia Long. Co-directora y fundadora de La Pedagogía Blanca. Experta en antropología de la crianza y la educación, en pensamiento divergente, en establecer límites sin castigos y comunicación no-violenta, en aprendizaje online y cooperativo, en organización de espacios educativos y en altas capacidades.
Licenciada en Geografía e Historia, profesora, conferenciante, madre homeschooler. Ha trabajado además como periodista, publicista y actriz. Autora de los libros: “Una nueva maternidad” y “Una nueva paternidad”.
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