LISTAS CERRADAS: PARACAIDISTAS Y CUNEROS

andrea fabra

 

Las listas cerradas en los partidos políticos surgieron en el contexto de la Transición.

Ese sistema se creó por muchas razones.

Básicamente para que el sistema no se desestabilizara y se fragmentara en exceso en un contexto excesivamente frágil. En una democracia recién nacida, se argumentaba, no conviene que haya demasiados partidos, porque no habrá estabilidad.

Como esa argumentación suena un poco endeble, otra argumentación podría ser que no se pasa así como así de una dictadura a una democracia, y que el sistema de listas abiertas podía hacer perder privilegios a muchos.

 

En fin… elijan ustedes la explicación que más les guste.

 

Se suponía que las listas cerradas partían de la base de que lo importante era votar ideas. Que uno votaba al programa del partido y no a la personalidad de un candidato.

 

Sin embargo muchos creemos que las ideologías partidistas no son determinantes a la hora de resolver problemas concretos. Que podemos estar de acuerdo en algún caso con Rosa Díez, en otro con Iñigo Urkullu y en otro con el alcalde de Vitoria, que es del PP (y cito a tres políticos vascos porque yo soy de allí, y porque a todos les he escuchado decir algo sensato alguna vez).

También hemos caído en la cuenta de que cuando gobiernan, las diferencias entre unos partidos y otros a veces no son tantas.

Y para colmo, hoy los personalismos en torno al liderazgo han desplazado el foco mediático de atención de los votantes desde las siglas del partido a la personalidad de los candidatos. Y si no fuera así los asesores de campaña e imagen no existirían, Rajoy no se teñiría el pelo, Carmen Chacón no se habría decidido por las lentillas y Camps no le habría dado tanta importancia a ir siempre de punta en blanco y más bonito que un san Luis.

 

El caso de Andrea Fabra ilustra las desventajas de las listas cerradas.

Tras ser elegida como senadora por designación territorial (a dedo, por su padre), Andrea Fabra salió en las listas de Castellón como número dos. Su padre intentó que fuera como número uno, pero sus propios compañeros de partido le disuadieron ante el escándalo que se podía generar.

Porque ¿cuál era el mérito de Andrea Fabra para salir en listas?

Ser hija de su padre, dado que su carrera política no ha sido muy visible y no se le conoce logro alguno. De hecho, su actividad como diputada, aparte el ya clásico «QUE SE JODAN», ha sido mínima.

 

Las listas cerradas crean dos fenómenos perversos que se retroalimentan.

– En primer lugar, el partido fuerza la candidatura de sus fieles, más allá de sus méritos. Es decir, antes incluiré a la hija de Fabra que a cualquiera otra, cuyos méritos quizá sean mayores.

– Por otra parte, una vez elegidos, los diputados o concejales no tienen apenas incentivos para hacerlo bien en relación con los ciudadanos, mientras tienen todos los incentivos para hacerlo bien respecto a sus direcciones partidistas que son, en realidad, a quienes les deben el puesto.

         (Puede que ya de paso le interesen los ciudadanos, pero no es a ellos a quienes les deben la elección, y por lo tanto ya salen atados de pies y manos para responder antes a las necesidades de su partido que a las reales de sus votantes).

 

Otro problema que crean las listas cerradas es el de los famosos PARACAIDISTAS.

El sistema electoral de listas permite garantizar a cualquiera que será diputado (o senador) sin ninguna dificultad. El procedimiento es sencillo: basta con colocarlo en una lista en un puesto seguro.

En cualquier lista. Sin condiciones.

En principio, yo puedo haber nacido en Valencia, residir en Madrid, tener familia vasca y sin embargo entrar por una lista en Andalucía.

Nuestro sistema electoral permite, por ejemplo, que todos los ministros logren ser diputados, por el procedimiento de ubicarlos en distintas provincias, aunque no tengan nada que ver con esas demarcaciones.

Son los famosos candidatos paracaidistas.

No sólo puedes tener un diputado por Léon que en realidad es de Murcia, sino que incluso en listas municipales te pueden colar a paracaidistas. La mitad de los concejales de Leganés no viven en esa ciudad, por ejemplo.

 

El CUNERO es un subtipo del paracaidista.

Se entiende por cunero a aquel candidato que siendo originario de una comarca, provincia o región, sin embargo no ha vivido en ella, y que por lo tanto desconoce sus problemas y sus intereses.

El cunero, aun siendo —según consta en su DNI— originario de la zona por la que se presenta como candidato, espiritualmente, es tan paracaidista como aquel que ha sido impuesto por los comités centrales radicados en Madrid a una comunidad local.

 

¿Representan las LISTAS ABIERTAS una solución a todos estos problemas de paracaidistas, cuneros, enchufismo, familiares y deberes para con el partido?

Depende.

Si se planteara una reforma profunda y esencial de la misma Constitución para ir a un modelo electoral distinto, de matriz anglosajona, nos encontraríamos con el mismo problema que tienen los anglosajones. Allí sí hay listas abiertas.

El candidato que se presenta:

– Es muy rico, para poderse pagar su campaña, o

– está financiado por un grupo empresarial o un lobby, al que le deberá el favor.

Por lo tanto, la imparcialidad del candidato no está asegurada.

 

Jordi Sevilla propone una reforma que parece bastante sensata.

«Toda lista lleva un máximo de suplentes por si sucede algún imprevisto con los titulares. Por tanto, hoy, se presentan listas que incluyen tantos candidatos como puestos a elegir se convocan. Y además, unos suplentes. Pues bien, se debería poder tachar individualmente de la lista hasta tantos titulares como suplentes haya, sin que ello invalide la papeleta.»

Así podrías, si quieres, no votar a Andrea Fabra, o a cualquier representante de la lista que no te dé buena espina o de cuyo apellido, historial o reputación desconfíes, o que no haya nacido en tu provincia.

Los candidatos ya no tendrán que estar sometidos solamente a lo que digan los aparatos de los partidos.

Según Sevilla, si se siguiera este sistema los partidos se esmerarían en seleccionar a los candidatos adecuados porque un elevado número de tachaduras pondría en cuestión la validez de su trabajo interno.