La cura del bienestar

Resultado de imagen de the cure of wellness

 

 

 

En principio yo diría que esta película es mala con avaricia, que  no tiene pies ni cabeza, ni sentido ni sensibilidad. Pero… resulta que a mi hija le ha encantado y que en reddit la película goza de un club de fans nutridisimo, así que voy a explicar qué creo que tiene de bueno, y a vosotros os queda la elección de si os arriesgáis a verla o no

Supone el regreso de Gore Verbinski. al cine de terror tras el exitoso remake de ‘The Ring’ estrenado hace ya quince años ( Pero, por cierto, yo también encontré “ The Ring” muy mal, y una auténtica patata en comparación con la original japonesa)

La Cura bebe de fuentes excelsas fílmicas  con la sofisticación y la elegancia visual de un director cualificado: Toma como referente el estilo de los años 60 y 70, con muchos guiños a la Troma  (y su escena de dentista ) y la Hammer ( con su mad doctor, su mansión de arquitectura gótica, su doncella enajenada) , a Darío Argento y al giallo en general, a Polanski y a Kubrick. Recuerda también, inevitablemente a Shutter Island de Scorsese.

Es larga (156 minutos, ahí es ná) pero lo cierto es que no se hace tan larga. La cocción a fuego lento  de la historia implica una atmósfera ambigua e inquietante, un impecable acabado visual, y una tensión poética, en cierto modo hipnótica. Lo importante no es lo que es, sino lo que parece. Lo que no se dice y solo se intuye.

Gore Verbinski sabe  retratar con una extraña lucidez poética  un peculiar y extraño cóctel de misterio, gore, anguilas  y humor negro que se cuece fuego muy, muy lento durante dos horas, hasta desembocar en la escenita de la Hammer: Cueva, retrato de la difunta, candelabros, mad doctor, incendio… Solo faltaba Christopher Lee.

En cierto modo La cura del bienestar no es más que una película  tradicional de serie B adaptada a los dilemas de la sociedad de consumo. La película de Verbinski actúa como un sencillo filme de terror de argumento sencillo y previsible, que recurre a arquetipos clásicos  pero la vuelta de tuerca es que invoca a  los fantasmas de un capitalismo que, evidentemente, crea monstruos.

Verbinski dilata la acción hasta el máximo para sumergirnos en atmósferas, imágenes y metáforas de las ilusiones que genera el éxito material, la necesidad de sentirse bien, de escalar hasta la cima de tener éxito social y material al precio que sea. Incluso al de la familia, el amor o la propia conciencia.

Ahora, os lo advierto, a mí, pese a todo, me pareció una película fallida, con muy buenas intenciones pero que acaba por ser un tostón.