IDENTIFICA A UNA PAREJA TÓXICA

CÓMO SE CONSTRUYE UN CONTROLADOR/MANIPULADOR

El problema de él o de ella, de tu pareja controladora , viene a explicarse así:

El mensaje que ha recibido en su infancia, haya sido un niño maltratado física o verbalmente, abandonado, sobreprotegido o sobreexigido, abusado sexualmente, es el siguiente:
“No vales”

– Si ha sido abandonado el mensaje es:

“No eres lo suficientemente valioso para que me ocupara de ti. No vales”

– Si ha sido sobreprotegido el mensaje es:

“ Sin mi, no vales para nada, eres un inútil. No vales”

– Si ha sido maltratado física o verbalmente el mensaje es:

“No te respeto. No vales”

– Si ha sido sobreexigido el mensaje es:

“No seas lo que eres, sé lo que yo quiero que seas.
Lo que tú eres me decepciona, me amenaza, me pone furioso, no me estimula.
Sé lo que yo quiero que seas y yo te amaré. Pero, tal y como eres, no vales”.

El padre, la madre, los padres que son incapaces de acoger, de aceptar y de comprender al niño con sus conflictos , su vulnerabilidad, su personalidad, sus aptitudes, rechazarán entonces ciertos aspectos del niño que él o ella, o los dos, no pueden soportar.

El niño, a su vez, con el fin de no perder el vínculo, se esforzará corresponder a las necesidades y expectativas de los padres y perderá contacto con su verdadero yo. Se construirá pues otro yo a la medida de lo que se espera de él o ella.

Si los padres esperan del hijo o hija, talentos especiales, brillantez intelectual, atractivo físico, habilidad atlética… o una combinación de todo lo anterior, ese niño o niña adopta el papel del elegido la elegida que va a cumplir los anhelos y los sueños de los padres, y deja de ser el mismo para ser otro. Se convierte en otro a un nivel inconsciente, un otro fusionado a la adoración y las expectativas de los padres.

Y pierde su verdadero yo.

En una familia sana un niño es amado y nutrido como un individuo único. De muy pequeño, ese niño o niña está psicológicamente fusionado con la madre o el cuidador principal. En esta unión, sus necesidades físicas y emocionales son atendidas con la consistencia de amor. A medida que el niño madura, comienza a diferenciarse de la figura de la maternidad y ser más independiente. Con la guía y el amor de los padres, el niño aprende que él es apreciado por sí mismo, tal y como es, no como debería ser o como a los padres les gustaría que fuese. Al mismo tiempo, los padres enseñan a sus hijos, a través del ejemplo y directamente, que él no es el centro del universo. Y así, a una edad muy temprana, los niños aprenden a ser empáticos con las preocupaciones y sentimientos de los demás. El niño emocionalmente sano es espontáneo y alegre, que poco a poco, se separa de su madre y su padre y se convierte en un individuo capaz de dar y recibir amor.

Pero el niño que no es amado por sí mismo es, en el fondo, alguien tremendamente inseguro. Y sufre de lo que se ha dado en llamar “vergüenza tóxica”. Ese niño es alguien que crece con la idea de que no vale, de que no sirve para nada. Una idea interiorizada en lo más profundo del subconsciente, que el tóxico debe enterrar como sea.

El tóxico puede creer que él fue muy importante para sus padres. Pero no lo fue. El niño o niña no era importante sino por la función que cumplía, y por lo tanto creció en evaluación constante. Y cuando crece, vive en una alerta constante.

Vergüenza toxica es la creencia profundamente dolorosa de que uno es una persona deficiente como ser humano en comparación con otros. Es creer que uno es tan defectuoso que puede uno considerarse a sí mismo un error de la naturaleza. Es creer que uno debe crear una “personalidad de repuesto” para suplir a la antigua, de la que se siente uno profundamente avergonzado.
De esta manera, el tóxico se construye una personalidad falsa.

Por esta razón tu ex, en público, era el hombre más correcto, educado y amable que hubieras conocido y sus amigos le adoraban. Porque el tóxico está entrenado para agradar. Desde pequeño ha aprendido a adaptarse a los deseos de otros y a intuir sus necesidades para darles lo que necesitan. Por eso el tóxico presenta un amplio repertorio de habilidades y tiene gran capacidad para captar la atención de los demás y generar sentimientos positivos El tóxico puede ser la persona más encantadora del mundo. Se trata de personas que parecen vivir “por” y “para” otros; que intentan encajar, caer bien y gustar. Le encanta encantar. Para estas personas, la valoración de los demás es importante, y más que desear necesitan ser reconocidos y sentir la aprobación de los que les rodean. La dificultad principal en estas personas es el temor a ser “descubiertos” pues en este caso la autoestima es inferior de lo que aparentan y se cubren de fachadas en un intento de vender su imagen tal y como creen que será aceptada. Son sujetos muy vulnerables a la crítica. Con los desconocidos el tóxico se muestra muy seguro, tiene facilidad para conectar con la gente y causar buena impresión, pero en el fondo sabe que su actitud no es “real” y se puede sentir muy vulnerable si intuye que otros lo sospechan.

El tóxico es dependiente

A las personas con vergüenza toxica les aterroriza la soledad o el ser abandonados por los seres queridos porque esta situación les hace sentir que no valen nada y no merecen que alguien permanezca con ellos/as. Además, al no tener un centro estable, al no saber quiénes son en realidad, necesitan actuar como espejo de otros, reflejarse en otros.
Por esta razón, el tóxico es depredador. Cuando el tóxico elige una presa, no se acerca despacio. Cuando se fascina por alguien, el tóxico idealiza a esa persona. Esa persona suele tener algo que él o ella desea ( belleza, inteligencia, encanto, buena familia, dinero, creatividad…) y que normalmente también los padres del tóxico valoraban mucho. El tóxico queda fascinado por esa persona porque encaja bien como complemento o accesorio del falso yo que se ha creado. Por ejemplo, en el caso de Anxo, Oriana venía de buenísima familia, y ya sabemos que la madre de Anxo estaba obsesionada por la posición social y la apariencia. De ahí probablemente también la insistencia de Anxo en tener una novia delgada. Para que el cuadro encajara: novia guapa, de buena familia, y adaptada al canon estético valorado socialmente.
Para el tóxico, es muy importante conseguir a esa persona a toda costa, lo antes posible. Siente una imperiosa necesidad de poseerla. Además, sabe cómo seducir. Como ya hemos dicho, el tóxico lleva toda la vida entrenándose en el poco noble arte de intuir las necesidades de otros y satisfacerlas.
Para los tóxicos, la conquista de otra persona cumple esencialmente la función de servir para reafirmar la imagen idealizada de sí mismos. Enamorar a los demás implica para ellos la confirmación de su alto valor, como consecuencia del cual los otros le admiran y enamoran. Por eso, cuanto más valiosa sea la persona a la que quiere seducir, más le interesará. El valor de esa persona le hace valioso/valiosa a él/ella. Mayor interés tiene para ellos el lograrlo, ya que reafirmará más la idea de su propio valor.
Por eso, todo fue tan rápido. Por eso, eras el amor de su vida, según él, y nunca se había sentido así. Por eso era tu media naranja perfecta. Por eso, por raros que fueran tus hobbies o tus aficiones, él los compartía. Por eso era tu acompañante más leal , el caballero de brillante armadura, tu más leal servidor, tu mejor amigo. Por eso el sexo era increíble. Fuegos artificiales. Era el amante perfecto, y estaba siempre a tu disposición. Porque sabía detectar tus necesidades, porque el sexo estaba orientado sobre todo a la conquista antes que al placer.
Todo su tiempo libre parecía dedicado a ti… Parecía. El estaba a todas horas contigo pero aún así, sentías que algo se escapaba. Sí, hay una parte que no te dejará nunca ver. Por un lado, porque desea protegerse y por el otro, porque el tóxico siente vergüenza de cierta parte de su vida, y no quiere que la conozcas.

El tóxico experimentan una compensación narcisista de su vergüenza toxica. Por eso exagera su importancia personal así como sus virtudes.

Para que los demás no “descubran” la vergüenza y pequeñez que siente por sí mismo. Y por eso el tóxico tiende a exagerar sus logros. Por eso al principio te pareció que esa persona era tan maravillosa. Porque exageraba, porque a veces mentía.
Por poner un ejemplo, Jorge siempre alardeaba de su amistad con personajes famosos. Clara nunca dudó de lo que decía, y cuando Jorge le contaba que había sido íntimo amigo de tal actor o tal productor, Clara no dudaba de su palabra. Clara se quedó de piedra el día en el que el Famosísimo Actor se cruzó con ellos por la calle, y no se dignó a dirigirle la palabra a Jorge. Evidentemente, no le conocía. O no le recordaba.

” El temor a ser “descubiertos” les convierte en verdaderos maestros para convencer de lo que sea haciendo lo que haga falta en caso de que eso ocurra. Con el tiempo y la práctica, ese temor les ayuda a convertirse en expertos reparadores. Por ello son tan efectivos mintiendo, convenciendo de que la culpa siempre es del otro, usando el afecto para ocultar —e incluso negar— esa parte suya que acabamos de ver explotar, manipular o agredir. Todo vale por no asumir quienes son detrás de esa construida fachada pues la otra alternativa sería asumir que no son válidos como persona.” ( Albert Martínez)

El tóxico clona. Idealiza y luego desvaloriza

Todo iba bien y tú eras muy feliz hasta que…. Os fuisteis a vivir juntos. U os casasteis. O tuvisteis un hijo… O cualquier otra circunstancia que implicara un cambio en vuestra relación y mayor responsabilidad por su parte. Y entonces todo cambió.
Como ya he dicho, cuanto más difícil sea una persona de conquistar, mayor interés tiene para ellos el lograrlo, ya que reafirmará más la idea de su propio valor.
Por eso, todo va bien mientras no te tiene segura, mientras no puede estar convencido de que emocionalmente – y a veces también económicamente – dependes de él. Pero no existe una intención de amor, es decir, de dar y compartir afecto con el otro, sino que, incapaces de poder dar y recibir auténtico afecto ( porque nunca se lo han dado ni lo han visto) , se limitan a manipular la relación con la única finalidad de acrecentar o sostener su propia autoestima. Pero cuando ya han conseguido su objetivo, cuando ya tienen a la otra persona “atada y bien atada”, entonces hacen suya la máxima de Groucho Marx :“ Nunca pertenecería a un club que me aceptase a mí como miembro”.
Es decir, si ellos viven con una vergüenza tóxica a cuestas, si ellos sienten que en el fondo de sí mismos no valen nada, ¿cómo va a valer una persona que se ha entregado por completo a ellos, a ellos que no valen nada? Así que entonces pueden despreciar, paradójicamente, a esta persona, que pierde súbitamente su valor, pudiendo pasar rápidamente de la idealización hasta el mayor desprecio hacia la persona con la que hasta ese momento parecía que adoraban.

El tóxico necesita humillar a otros

La persona avergonzada se siente pequeña, débil, sin valía, vulnerable, y expuesta a los demás. Así que, para poder escapar del infierno mental de la vergüenza excesiva, transmite el odio que siente por sí mismo y lo proyecta hacia otros. En la fase de devaluación, se vuelve exageradamente crítico. Y abusa verbal, emocional, y a veces físicamente a otros.
Las personas con excesiva vergüenza necesitan siempre de humillar a otros para sobrevivir. En otras palabras: el tóxico avergüenza a los demás para evitar su propia vergüenza. El tóxico exagera las características personales de los demás que a él mismo le desagradan y que no puede ver en sí mismo. Este mecanismo de defensa reduce la ansiedad que produce .
El tóxico proyecta
El tóxico atribuye a su pareja cualidades propias que no puede admitir en sí mismo, con lo cual proyecta su conflicto. Por ejemplo, es normal que el tóxico diga que su pareja es una histérica, tiene mal carácter, no sabe encajar una crítica… y que se lo crea, y que sea incapaz de ver que en realidad se está describiendo a sí mismo.

El tóxico no acepta una disensión

La vergüenza tóxica provoca que uno sea muy sensible a la crítica y a los desaires porque duelen demasiado y alimentan la vergüenza excesiva. El tóxico no puede encajar ya no una crítica, sino la más ligera disensión o diferencia. Y cuando nota que su pareja no está fusionada con él ( es decir, que su pareja no está al cien por cien de acuerdo con él en todo), comienza a alimentar resentimientos intensos, reales o imaginarios.
El tóxico no entiende por qué su pareja no es capaz de “corresponder” de la misma manera a sus “sentimientos”. Es decir, por qué su pareja no puede dar respuesta a sus deseos verdaderos: cubrir todas sus necesidades y suplir todas sus carencias. El tóxico no entiende por qué no puede estar ahí para él, siempre.
Y es que aunque el tóxico parece “disfrutar” complaciendo a los demás, en realidad espera algo a cambio. Por eso puede “explotar” y ser verbalmente abusivo cuando “ya no puede más”. Explota por la tendencia a acumular resentimiento y rencor cuando los elegidos por él no responden como él espera que respondan.
La preocupación por su pareja, ese volcarse devotamente en ellos, tiene como fin satisfacer su ego mediante la aprobación y el reconocimiento de lo que hacen. En el fondo lo que busca el tóxico es ser reconocido y recompensado. Y si de alguna manera siente que no lo es, o no lo es en el grado que él ansía, explota.

¿Ahora entiendes por qué era tan sumamente amable y de pronto, y sin venir a cuento, se transformaba en un ogro?

El tóxico tiende a criticar a otros despectivamente si sienten que no se le valora como él cree que se merece, si no se le aprecia por todo lo que hace. Porque una mínima disensión pone en manifiesto la vergüenza excesiva que siente por sí mismo.

Por esta razón, el tóxico recuerda como ataques desaforados comentarios que no lo fueron. Es común que te diga que le gritaste o que usaste un tono ofensivo cuando no lo hiciste, pero él sí que lo entendió así. En su recuerdo, ese comentario sin importancia fue un ataque brutal. Dado que su disfraz no es más que eso, un disfraz, cualquier comentario que él entienda como desaprobatorio le hunde en la miseria, porque le deja inerme, desnudo, vulnerable. Debajo de la cáscara no hay nada, por lo tanto si se abre una brecha en la cáscara, se aterrará. Cualquier comentario que él pueda interpretar como indicativo de que a los ojos de la pareja ha dejado de ser perfecto, lo vivirá como un ataque. Recordemos que sus padres esperaban de él que fuera perfecto (perfecto según ciertos estándares) y que le transmitieron que si dejaba de serlo perdería su amor y su protección. El o ella sigue teniendo esa idea en la cabeza.

Por eso se aterra cuando piensa que ya no lo es, y por eso recuerda cosas que no son.

Por puro y simple pánico.

Por eso si se enfadaba, se encastillaba en un mutismo hostil. Por eso podía dejar de hablarte durante horas, a veces días. Por eso estar con él era como atravesar por un campo de minas, por eso nunca se sabía qué ibas a decir o a hacer que hiciera saltar la bomba, porque podía interpretar cualquier acontecimiento sin importancia como una amenaza. Por eso las discusiones eran imposibles. Por eso la sensación de frustración te invadía cuando te dabas cuenta de que él nunca quería llegar a una solución consensuada, de que simplemente quería ganar. Ganar a toda costa. Por eso nunca, nunca, reconocía que se había equivocado o que era responsable de algo. Por eso para él la palabra “negociación” o “acuerdo” no existía. Por eso todo era “o conmigo o contra mí”. Por eso la idea de entender el punto de vista del contrario o de encontrar una solución consensuada y beneficiosa para ambas partes ni se le pasaba por la cabeza. Por eso cuando se hartaba, zanjaba la situación con un tajante: “ Ese es tu punto de vista, no el mío”, dando a entender que la idea de poder llegar a un punto de vista común era imposible.

El tóxico crea su propia realidad

¿ Alguna vez te han atracado o golpeado? ¿ Gas vivido una situación de pánico extremo? ¿Sí? ¿ La puedes recordar punto por punto? No, normalmente la recuerdas como en una bruma, recuerdas más la sensación de miedo que el hecho en sí. La secuencia de hechos se ha borrado ( Y lo sé porque yo he vivido una agresión extremadamente violenta) Pues eso exactamente le pasa a él. No recuerda tanto lo que tú le dijiste como la sensación que él experimento de haber sido atacado. Por eso, no recordaba bien vuestras disputas.
Puesto que no tiene un verdadero yo, puesto que no sabe quién es en realidad, para él o ella es fundamental atenerse siempre al guión. Y en el guión él es perfecto, él no comete errores, él no grita, él no pierde los papeles, él no hace nada malo. Por eso se le olvidaban las cosas. Por eso se le olvidaban a menudo cosas que había dicho o hecho. No, no era despistado. Olvidaba, que es distinto. Olvidaba conversaciones y hechos muy concretos. Por eso tú recordabas una conversación y él recordaba una completamente diferente. Por eso con el tiempo, empezaste a dudar de tu propio criterio. Por eso en una discusión, recordaba siempre su versión de los hechos. Parecía que mentía, pero es que se creía sus propias versiones.

El tóxico proyecta culpa, su pareja la absorbe.

La técnica de proyección de la culpa es muy antigua y está generalizada en la sociedad. Es un mecanismo de defensa muy pueril e inconsciente. El tóxico proyecta la culpa hacia fuera, mientras que su pareja la introyecta, la asume hacia dentro. Muchas personas prefieren echarse la culpa o aceptarla de otros, y la integran en sus mentes proyectándola contra sí mismas.
El tóxico ha sido criado en un sistema en el que cualquier error se paga. El tóxico ha sentido siempre que si no era perfecto no podía merecer amor, de forma que tiene pánico a cometer cualquier error.
Simplemente, no puede aceptarlo.
Para ello recurre a dos mecanismos: la negación y la proyección.

La negación consiste en exactamente eso: negar. Yo no te grité, no te insulté, eso no pasó.

La proyección va un poco más allá. No solamente niega lo que esté dentro de sí, sino que lo coloca en su pareja: Te grité pero porque me sacaste de quicio, tú tienes la culpa. Te dejé tirada en mitad de la calle, te dejé de hablar, te insulté, porque tú habías hecho esto o lo otro. Tú tienes la culpa.
Porque “Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros”, como decía Hermann Hesse
Pero, ¿qué pasa cuando atacas a alguien? que te sientes culpable. Sobre todo cuando inconscientemente sabes que la verdadera razón está en ti, más que en el otro. Y, por otra parte, si nos sentimos culpables de algo, tenderemos a negarlo y proyectarlo en otras personas otra vez. Y entonces re-atacaremos, sintiéndonos más culpables todavía.
Es decir, la pareja entra en un ciclo.

El ciclo de la culpa: Uno proyecta, el otro absorbe.

EC: Por lo que he visto en mi experiencia como abogada y mediadora es muy común encontrarnos con un perfil de persona tóxica que nunca asumirá que la relación de pareja va mal por parte de ambos, es decir, que él o ella con su actitud ha contribuido en algo a aquella situación. En el caso extremo, cuando la parte abusada o victima caiga en depresión, o beba, o se irrite y grite, o flirtee o se vaya con otro, ella será una loca, borracha, histérica o puta y él se hará la víctima. (Puedes cambiar el género si quieres)
En ese caso la víctima asumirá dos culpas: la propia (que es la del efecto) de una actuación “mal hecha” (beber, perder los papeles, ser infiel…) y la culpa que le proyectan. Y se sentirá la única persona responsable del fracaso de la relación. Es decir, el “agresor” el “tóxico” le dirá que su actitud (emborracharse, deprimirse, etc) le indica que toda la causa del fracaso de la relación deriva de ella/él y así lo explicará a todos:
“¿ Os acordáis de lo que se quejaba Manolita de que yo no paraba por casa? ¿ Os acordáis de que decía que no salíamos con amigos? Pues mira, ahora veis lo que he tenido que aguantar….”
““¿Os acordáis de lo que se quejaba Pepito de que yo era una celosa y una controladora? ¿ Os acordáis de que decía que no salíamos con amigos? Pues mira, ahora veis lo que he tenido que aguantar…”
“No, si yo la lo decía, mirad lo débil que es, cómo bebe, qué cuernos me ha puesto…” “ Ella es una débil emocional, le han dado la baja por depresión.” “ El es un alcohólico o una mala persona”. El caso es nunca asumir una parte de culpa.
En ese caso la víctima del tóxico evidentemente también tiene una carencia que sobrecompensa con un exceso y por eso realiza una actitud que la autodestruye. A la víctima le va a ser muy difícil salir de esa proyección de culpa que cada vez entenderá menos. Porque a su vez es víctima y se convierte en agresor/ o agresora. De esta manera le concede a la parte más tóxica de la pareja la excusa perfecta para que la culpa recaiga solo en una persona, y que el más tóxico nunca asuma la suya, su culpa, y se pueda reafirmar en su idea de que él/ella es un santo/santa.
( Eva Cornudella)

El tóxico no tiene empatía. Solo sabe “clonar sentimientos”

Cuando la pareja del tóxico empieza a enfermar una de las cosas que más le llamaran la atención es que el tóxico no parece sentirse mal. De hecho, es como si no le importara. Ella va enfermando y enfermando y él parece no sentir nada, como si no le concerniera. Esto tiene una explicación sencilla. Cuando le conociste, creíste que era súper sensible porque era tan tierno y apasionado: “ te quiero, te adoro, eres lo más importante de mi vida…” Pero, si miras hacia atrás, si repasas sus mails, sus sms, sus mensajes ¿no te parece, ahora, con el tiempo, que son muy poco personales?, ¿ que son bonitos, literarios, grandilocuentes, pero que no parecen referidos a ti en particular, que se podrían aplicar a cualquiera ?, ¿que hay un exceso de tópicos y lugares comunes? , ¿ que en realidad frases como “ me haces muy feliz” , “ eres lo más importante de mi vida” “ nunca me he sentido así”, etc… parecen sacadas de una telenovela? , ¿que hay muy poco en sus mail o sus mensajes que se pudiera aplicar a ti y exclusivamente a ti?


El tóxico necesita gasolina

Como ya he escrito, se trata de una persona sin “self”, sin sentido de sí mismo, sin “centro”. Por lo tanto, tiene enormes problemas para estar a solas consigo mismo, para disfrutar de la paz y la soledad. Y por eso necesita estímulos de forma constante. Necesita estar rodeado de gente, o estar acompañado. Si se queda solo se enganchará a los videojuegos, al chat, a la mensajería instantánea, al móvil. Por eso en muchos casos, duerme poco. ( Ya hemos dicho que en otros, duerme más de lo normal)
Por eso tenía problemas de sueño. Por eso no hacía nada que requiriese concentración o silencio. Por eso no pintaba, no hacía bricolaje, ni jardinería, ni escribía poemas, ni hacía crucigramas, ni metía barcos en botellas, ni meditaba, ni hacía yoga. Por eso no le gustaba ninguna actividad que requiriera, sobre todo, estar a solas consigo mismo y trabajando con su propio interior. Incluso, si era estudiante, prefería estudiar con amigos, o contigo. No le gustaba estar a solas consigo mismo.
Otra cosa que quizá recuerdes es que no podía soportar un tiempo de calma. Si las cosas iban bien durante una temporada, si no había el más mínimo problema, él los creaba.
Precisamente por eso Jorge dejó a Clara tirada en Marruecos. Porque todo era allí calma y tranquilidad. Porque estaban en un refugio frente a la playa, sin televisión, sin radio, sin interferencias… Y el tóxico, en esos momentos, puede experimentar un miedo al vacío sin precedentes. Y crea una discusión de la nada. Para evitar la intimidad. Para evitar que su pareja “ le descubra”. Para evitar que atisbe en su interior y vea que allí no hay nada. La discusión sería por lo tanto una maniobra de distracción.

El tóxico culpa a la víctima

Como el tóxico transfiere toda la culpa y jamás asume la responsabilidad de sus acciones no se ve acosado por la ansiedad, el arrepentimiento, el miedo. Eso se lo transfiere a la pareja que, como ya he dicho, absorbe como una esponja. Por lo tanto, es ella la que empieza a enfermar. Ella la que tendrá ataques de ansiedad y/o pánico, la que sufrirá crisis de llanto sin motivo aparente, la que estará irritable. El agresor se percibe a sí mismo o presenta la imagen de mártir o víctima y espera un trato preferencial en todo momento. De esta manera, se va presentado ante los demás como la víctima. Su pareja, afirma, tiene un trato insoportable, pierde los nervios, es una histérica, es una exagerada. Como lo cierto es que su pareja cada vez está peor, y está irritable, y sufre de ansiedad, y está deprimida, y se siente tan culpable que no cuenta nada, es fácil que los demás le crean.
Lundy Bancroft explica que en evaluaciones que se hacen en servicios sociales para determinar la custodia de los menores, muchas veces es la víctima la que resulta peor parada. Estas evaluaciones no son exhaustivas, consisten en una entrevista y un test. En ese caso, ella aparecerá como la que tiene un trastorno mental, y él no. Porque en una evaluación superficial el problema real no se aprecia. Y si ni siquiera lo aprecia un equipo de psicólogos ¿cómo lo van a apreciar los amigos o los familiares? De esa manera, la pareja se siente cada vez más aislada y cada vez más culpable. Cada vez más enferma.  

23 comments for “IDENTIFICA A UNA PAREJA TÓXICA

  1. Kirei
    7 Abril, 2013 at 18:44

    Me parece un artículo interesante. Y me parece que está bien poder tener recursos para identificar al “tóxico”, pero creo que sería más útil aún saber cómo poder ayudar al tóxico. O incluso, cómo puede el tóxico reconocerse a sí mismo y ayudarse. Porque creo que lo que se plantea aquí es algo así como “reconócelo y huye en dirección contraria”. Si fuera posible, me gustaría que me recomendase alguna lectura referente al tema de las relaciones que establecen las personas tóxicas.

    Muchas gracias.

    • M
      7 Abril, 2013 at 23:56

      Es muy interesante y complicada tu pregunta. ¿Cómo podemos ayudar a alguien que es posible que aproveche nuestras responsables intenciones en su propio provecho y a costa de nuestra salud mental y física, como tantas otras veces? ¿Es consciente esa persona de lo que sufre o cree que sólo sufres tú? ¿Lo hará de forma altruista o porque le conviene seguir manteniéndote a su lado en ese momento? ¿Asumirá que es parte del problema o fingirá?

      Quizá todo esto supere nuestras capacidades y haya que buscar ayuda profesional si no se piensa en romper la relación. Ayuda para uno mismo, para saber cómo afrontar lo que está pasando y distanciarse emocionalmente de lo que nos hace daño, y para la otra persona, que tiene pánico a la introspección y es difícil que colabore de verdad permitiendo que un extraño le evalúe.

  2. Eva
    7 Abril, 2013 at 19:06

    Muy interesante, Lucía. Lo cierto y verdad es que de tóxico todos tenemos algo. Y es que no nos han enseñado a gestionar nuestras emociones y no hemos recibido, (a mi entender la mayoría) esa educación y ese amor que entendiesen cómo somos y nos aceptase tal cual. Me reconozco en varios aspectos que nombras y me inquieta. Sé de sobra que tengo problemas de autoestima y de dónde me vienen. Esto no justifica mi manera de comportarme y con el tiempo he aprendido mucho de mí misma y he rectificado actitudes que no favorecían a nadie, mucho menos a mí. Es muy complicado cambiar y más sola, porque no sé la manera de enriquecer mi autoestima y no sé qué ayuda podría recibir. Está claro que los psicólogos no ayudan en esto. Es un camino interior y en mi caso, la meditación me ha ayudado. Ahora me siento mucho más flexible pero, en pareja, es cuando realmente te pones a prueba y te das cuenta de que puedes resultar tóxica o dañina sin quererlo. En tu descripción me encuentro, por ejemplo, en el hecho de magnificar conversaciones o no aceptar bien las críticas. Me duele mucho, siento que me traicionan cada vez que cuestionan lo que hago. Si es verdad que lo he pulido, pero ahí sigue estando. Y no sé liberarlo. Tampoco encajo en todo, ya que no me gusta humillar y llego a acuerdos con mi pareja, además de asumir mi parte de culpa siempre e intentar cambiar. No culpo a la otra persona, cada una tiene su parte y las sé reconocer. En mi pareja reconozco también muchos de esos comportamientos, pero mucho más en alguna de mis parejas anteriores. Esto es lo que me lleva a pensar que estamos “contaminados” en general y nos hace falta mucho trabajo para liberarnos de las toxinas. Lo ideal sería aprender cómo.

  3. Aurelia Ruiz Gonzalez
    7 Abril, 2013 at 19:19

    Un árticulo increiblemente bien escrito ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

  4. Teresa
    7 Abril, 2013 at 19:27

    Ufff, madre mía, creo que mi pareja es tóxica. ¿Puedo hacer algo para ayudarla? Ahora mismo estamos en pause, dice que necesita un tiempo para pensar. Cumple muchos de los rasgos de una persona tóxica. Quiero ayudarla, aunque dejemos de ser pareja, que aún no lo sé, quiero que mejore su vida.
    Gracias.

  5. miquel
    7 Abril, 2013 at 19:30

    mira que eres sagaz, interesante, atenta y centrada Lucía, y tu capacidad de trabajo y documentación me parecen encomiables. lo que no entiendo es porque siempre eres tan apriorísticamente partidista, porque sólo lo haces desde una perspectiva adjetiva, no sustancial. es decir, que al final, tras leer el artículo, vemos cómo ser elemento tóxico lo pueden ser tanto el hombre como la mujer, porque, obviamente, ambos pueden haber recibido el mandato negativo NO VALES en su infancia, pero tu empiezas tu relato marcando al hombre. Pero bueno, más allá de esta tu singularidad lo cierto es que tocas un tema de radical importancia, al que los neurolinguistas han dedicado esfuerzos muy útiles, y que yo creo debería ser asignatura troncal en la escuela. Terminas el artículo y me da la sensación de que no está terminado y quedan abiertos muchos temas íntimamente conexos. Quizás abordando el caso de una pareja en que ambos son tóxicos, con proyecciones, tipo Guerra de las Galaxias de Reagan, de se habrían revelado más claves en pos de la “deseada” pareja feliz…

  6. pilistina
    7 Abril, 2013 at 20:49

    Muy triste y esclarecedor artículo. ¿Alguna posibilidad de resiliencia para la persona tóxica, en opinión de la autora?

  7. Edu
    7 Abril, 2013 at 20:52

    Hola, después de leer el artículo creo reconocerme como “tóxico”. No en todos los puntos pero creo que usted lleva razón en un 80%, por ejemplo, no soy un depredador ni consigo las cosas a toda costa, pero sí es cierto que necesito la aprobación ajena así sea del mayor de los necios. Un saludo.

  8. 7 Abril, 2013 at 21:12

    Interesantísimo

  9. Gemma
    7 Abril, 2013 at 21:32

    Viví con alguien que cumplia casi todas las caracteristicas que aquí se describen, la única solución fué dejarlo, intenté de todo, pero fué imposible, conforme yo mejoraba gracias a una terapia que en un centro de ayuda a la mujer tuve durante nuestra relación (el vivia conmigo y yo estaba segura de que mejorando yo mejoraría todo) pude empezar a adquirir recursos para no entrar en sus discusiones y reproches, al actuar yo de una forma más sana hacia mi misma el empeoró y al final llegó a las manos, reinsertarse? es posible, supongo que con una buena terapia, pero dudo que lo hagan si no están solos y si no te destruyen antes.

  10. Tala
    7 Abril, 2013 at 22:04

    Chapeau. Magnífico artículo.

  11. maría
    7 Abril, 2013 at 22:31

    Dan ganas de pasarse por el psicólogo antes de comprometerse con nadie, lo que yo he visto es tal cual, alguien que parece encantador y divertido y luego trae sorpresa, como los kinder. Muy buena definición lo del campo de minas. Y lo de la proyección siempre lo pensé. En mi opinión para curarse de la enfermedad lo mejor salir corriendo. Quien prefiera quedarse ahí y ayudar, genial si lo consigue, a mi me parece complicado.

  12. Delia
    8 Abril, 2013 at 10:15

    Muchos años de terapia extractados en un par de páginas, maravilloso. Sería cojonudo que fuera el primer capítulo y que avanzará hacia dos grandes preguntas: ¿las personas con vergüenza toxica estamos capacitadas para amar? ¿por qué se nos ama?. Y por último, si te lo haces mirar y no manipulas tu verdad y a quien te la dice, se cura.

  13. Elena
    8 Abril, 2013 at 19:23

    Acabas de describir mis cinco años de relación Lucía.
    Es increíble, hay párrafos de tu artículo que podría haber escrito yo, tal cual.
    Menos mal que un día abrí la puerta y me fui.
    Qué terapia leerte.
    Abrazo,
    Elena M.

  14. lila munar
    8 Abril, 2013 at 21:32

    muy interesante.. me parece poco ,esclarecedor !!!
    ..Un ” maltratador psicològico ” en potencia
    gracias Lucia

  15. Cristina
    9 Abril, 2013 at 08:43

    Soy tóxica, lo sé, soy tóxica sobre todo para mi misma. Llevo un año en terapia, al menos he conseguido abrir los ojos para darme cuenta de mis problemas de autoestima. No cumplo todos los puntos y jamás he engañado a mi pareja sobre como soy, cuales son mis virtudes y mis defectos,.. No lo tengo atado, puede irse cuando quiera, porque lo quiero tanto que lo último que quiero es que sufra a mi lado, además que no quiero tener a mi lado a alguien que no me quiere, supongo que esto lo he ido aprendiendo en terapia. Sinceramente conozco pocas personas sanas, pocas personas que no sean tóxicas, que no sean intrusivas o que incluso no den la cara por su pareja cuando deberían hacerlo. Las personas tóxicas no solo son maltratadores físicos o emocionales, no son personas con problemas de autoestima que se dedican a reflejase en el otro, son también las grandes personas con egos enormes que tienen a la pareja de mascota, solo para tener a alguien delante de quien alardear de sus logros, son también las personas sobreprotectoras que no dan libertar para que la otra persona sea quien es, son las personas que no dan la cara por su pareja ante situaciones injustas, son las personas que se vuelcan en los demás, creyéndose salvadoras de las almas perdidas y que luego acusan con el famoso “con lo que yo he hecho por ti, con todo a lo que he renunciado por ti”, ojito porque quizá todos lo que estáis viendo a vuestra pareja como tóxica hayáis tenido otra relación, quizá no sentimental, quizá paterno-filial, laboral, de amistad… en la que hayáis sido vosotros los tóxicos. Por desgracia, en este mundo hay muy poca gente sana, por suerte, hay mucha ayuda psicológica que no había hace unos años. Saludos

  16. Maria Amparo
    10 Abril, 2013 at 10:12

    Nadie es perfecto. Todos tenemos nuestras heridas de guerra. Luego está la Resilencia capacidad que tiene cada uno de superar las heridas de la vida. Lo mejor es reconocerlo y ponerle solucion, solo o con ayuda el trabajo mental lo tiene que hacer uno nadie lo va a hacer por ti. Ni tu madre, ni tu padre, ni tu mejor hermano o amigo. Ni por supuesto tu pareja “la gran equivocación” Ni el psicoterapeuta el te dara las pautas pero solo Tu con esfuerzo y trabajo lo conseguiras y lo mejor para ello es estar solo porque si te ayudan te hacen un inutil y creas dependencia de tu pareja o del psicoterapeuta y eso no implica estar curado.
    Muy interesante este articulo y muy bien hecho.

  17. Lara
    10 Abril, 2013 at 22:03

    Gracias por este artículo. Lo he vivido todo pero aliviar reconocerlo y ordenar las ideas

  18. Marisa
    11 Abril, 2013 at 07:36

    Muy buen artículo. Yo acabo de salir de una relación así y quiero decir que no hay que tratar de curar al tóxico, las mujeres muchas veces vamos de enfermeras o salvadoras, pero así sólo se pierde un tiempo precioso y es más probable caer en depresión.
    El tóxico o tóxica NO quiere curarse en realidad, sólo irá a terapia para ganar tiempo y tener a la otra parte (victima) todavía más pendiente de él. En mi caso, como es una persona muy inteligente y manipuladora, acabo convenciendo al propio terapeuta que la culpa la tenían las circunstancias, su trabajo, sus padres, etc. Es incapaz de asumir un mínimo de responsabilidad personal en cualquier cosa negativa que ocurre en su vida.
    El único consejo posible es romper la relación, porque la victima no puede aunque quiera ayudar o arreglar al tóxico. Eso es lo que yo he aprendido y también a quererme más, porque en realidad la que necesitaba ayuda era yo, que no era capaz de salir de una relación que me hacía infeliz y que me estaba consumiendo y que para más inri empezaba a afectar a nuestra hija en común. saludos.

  19. Albert
    12 Abril, 2013 at 01:28

    Ha sido curioso, porque he empezado leyendo el artículo porque pensaba que iba sobre personas que habían tenido una infancia sobreprotegida y que por eso habían sido una pareja tóxica.. y he acabando leyendo en CV de mi ex! Creo que me he metido demasiado en el papel de victima.. en cualquier caso gran artículo Lucia!
    Saludos!

  20. martina
    16 Septiembre, 2013 at 00:31

    Hacer caso a la intuición de que hacer cuando no quieren ayuda como en mi caso lo deje con todo el dolor de mi corazón sólo espero d que se de cuenta de que tiene que dejarse ayudar si no quiere no se puede obligar tiene que salir de ellos/as

  21. jose
    29 Septiembre, 2013 at 22:23

    Hola, yo creo q en este caso corresponde mas a una persona con un trastorno de la personalidad tal como borderline, u otro tipo de trastorno. Y otra cuestión si se le pudiera abordar desde su ego posiblemente le seria mucho más fácil des identificarse con su yo para poder tratarse terapéuticamente.

  22. manuel
    16 Noviembre, 2013 at 17:28

    Yo de verdad es que he alucinado, he conocido a una persona que es completamente un calco de todo lo que has escrito. De lo que más me siento orgulloso es de haberme dado cuenta rápidamente, esto me confirma que el que estaba confundido no era yo. No te haces una idea de como me he quedado leyendo el artículo, no podía creer lo que leía, es una descripción a la milésima de esta persona.

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