Historia de una perra sin fortuna.

por VIRGINIA DEL BARCO

Hola, soy una perra caprichosa. Aunque aristócrata, nunca he tenido nombre y mi dueña me acaba de arrebatar el poder. Y a ella, su abuelo, el viejo Barron Hilton.

Pero lo tuve. Tuve poder.

Los photocall de Instagram muestran que un día fue así. Y, ¡por Dios!, nadie me ha tratado como una perra y nadie osará, pese a mi cartera cara, rasgada.

Mmm.

Rectifico. Yo no soy una perra.

¿Qué es una perra? Atino más ¿cómo una polla ve a una perra? Exactamente, ¿cómo un macho define a cualquiera de esas desgraciadas que aguantan, infelices, su minga fatua con dos erres?

Una perra huele mal, camina a cuatro patas, excepto cuando mea y agacha el culo en un acto de pudor distante (incluso de cerca). A veces, se recuesta con el infortunio de que, al ocaso, un pitbull la jode con piedras blancas viscosas. Estas forman una masa jugosa que, cualquier cachorro de osa bebería con fluidez al despertar pero que, sin embargo, estas putas zorras deberán soportar, escupida en sus cabellos aún jóvenes, y en sueño.

Por contrapartida, y porque no todo debe entenderse como sumisión sin recompensa, con este biberón escrito con uve (V) de victoria por ellos, estas bitches compran (creen comprar) vestidos y estatus en Nueva York.

Pero estamos en la edad moderna y hasta ellos presumen de ser neofeministas. Seguro que acierto a que estas feas no saben lo que quieren. Se empeñan en planchar cicatrices torcidas (por la falta de amor e infanticidio provinciano) pero, son listas y pronto aceptan que jamás habitarén en un penthouse en Dubai. Tal vez, sus hocicos lo puedan oler, pero a sabiendas de que el champú de sus dueñas viene del establo. Resina y charcos. No me dan lástima. Hay una diferencia. Nunca, nunca se han secado con mechones de oro. Además, a mis palabras dudosas, sumo que de algún modo también ahuyentan su personalidad. No pretenden descubrirla, alimentarla, tampoco hacerla mujer. La anestesia obrera (marginal) se repite. Con esa actitud, no sacarán el rostro horizontal del barro nunca. Mediocridad y bragas grises. Humanidad.

Yo no soy una perra.

A mi esa rata rubia, flaca y más alta que yo, me acaba de dar una patada en el tendón de ganso. Ahí en la rodilla interior. Me ha dolido la cintura pero Darwin cree en mí. Soy de las pocas con capacidad de follar patos finos, y mi guardaespaldas está listo para grabar mi coño operado cuando la deshonrosa hermana de Nicky me obligue a saltar la pértiga a la vista de todos. En ese momento lo enseñaré, y la repentina baba de algún galgo de Forbes me adoptarán; bautismo con agua de oro.

Así que nadie, nunca, ni siquiera Paris, que siempre será una hortera de vestidos cursis vaporosos, podrá arruinarme.

Las perras como yo, mantienen su culo tirante, siempre.