El gran día de Shara

por NOEMÍ VILLAGRASAcorona-de-princesa

 

Shara J Decker era una ambiciosa mujer que aún estaba en los albores de su carrera profesional, sin embargo, a sus espaldas cargaba una mochila repleta de éxitos y reconocimientos laborales, que a decir verdad nunca fueron suficientes.

Y aquel era el gran día, ese día que llevaba esperando mucho tiempo, se podría decir que toda la vida. El gran día de Shara.

Hacía menos de dos semanas el gran magnate de la comunicación digital le había invitado a formar parte de su equipo con una amable nómina y generosas condiciones.  Shara era soberbia y jamás tendría un gesto que la mostrase indulgente,  por eso que no le dio a la noticia la mayor importancia.Pues  para ella no se trataba de un premio sino del resultado de mucho esfuerzo.

Aquel era el gran día, ese día que llevaba esperando mucho tiempo, se podría decir que toda la vida. Shara se había trasladado a la ciudad de Nueva York donde se disponía, llena de energía, a continuar con sus idas y venidas. No tenía una gran cantidad de amigos, un par del colegio y una larga lista de ex. Ex compañeros de universidad, ex parejas, ex colegas del gimnasio , ex amantes…

Aquel era el gran día, ese día que llevaba esperando mucho tiempo, se podría decir que toda la vida. Tuvo menos de dos semanas para prepararlo todo, pero tampoco había tanto que preparar. Se había imaginado muchas veces ese día y lo tenía todo listo: tacones de siete centímetros, de esos que inyectan autoestima en vena, maquillaje, flores, muchas flores, toda la habitación del hotel llena de flores, un rico desayuno con nueces y cacao para alimentar bien al cerebro y una llamada a sus padres antes de pisar la calle.

Aquel era el gran día, ese día que llevaba esperando mucho tiempo, se podría decir que toda la vida.

El día por el que había sacrificado todo.

En un día de 24 horas, cerca de diez, como mínimo se invierten en trabajo (traslado, reuniones u horas extras, participación en entidades, etc…), cerca de diez horas están dedicadas a las necesidades básicas (comer, dormir, bañarse y otras). Quedan  apenas cuatro horas diarias, el 17% del tiempo,  para ejercer otros papeles .Amiga, amante, persona.

Ex compañeros de universidad, ex parejas, ex colegas del gimnasio , ex amantes… quedaron tras de sí.

Porque dedicó ese 17% a ella misma: Cabello corto a media melena, impecable, dos horas semanales de peluquería. El maquillaje es una forma de colocarse energía, idealmente puedes usarlo natural y minimalista, pero siempre debe existir. Nunca retocar en ambiente de oficina, solamente hacerlo en privado. Media hora cada mañana.A nivel profesional no hay escotes, no desabotonar, nunca pronunciados. Ideal que mida desde tu cuello el largo de tu cara. El zapato femenino debe verse serio, tacón moderado. Ideal cerrado. En armonía entre pantalón o falda, que concuerde al color de media. No hacer cambios extravagantes.El tamaño correcto  de la falda es el largo de la rodilla o a la pantorrilla, nunca más cortas. De colores en contraste con medias y zapatos. El corte es recto o ligeramente entubadas, nunca pegadísimas, sin aberturas exageradas y deben ser traseras. El pantalón es recto. Colores que comuniquen autoridad como el negro, gris oxford o azul marino. Blanco, crema o marfil en las camisas. Telas delgadas, mientras más delgadas comunican más autoridad.  Tonos neutros, sobrios sin contrastes drásticos. Esas horas de ir y venir al tinte en seco, para dejar y recoger la ropa. El largo de la uña. Mide el largo de la uña del nacimiento a donde llega el dedo, divídelo entre dos y eso es el máximo. Ideales colores en traslúcidos o neutros. Evita esmaltes extravagantes.  Nunca descuidadas o carcomidas. Dos horas semanales de manicura. IUmagen, imagen obesiva. Avanzar, avanzar, avanzar.

Shara -impecable, elegante, divina, bellísima-  había llegado a su destino, la estación de Lexington Avenue Local, a mitad de la línea que une Manhattan con el Bronx ¡no podía sonar mejor!. Sacó un lápiz de labios de alta gama de la cartera y se repasó dos veces, rito imprescindible para los días de éxito. Procuró salir con el pie derecho del vagón, no era supersticiosa pero hoy no era el mejor día para porfiar a la suerte.

Aquel era el gran día, ese día que llevaba esperando mucho tiempo, se podría decir que toda la vida. Salió apresurada. Sus ojos brillaban como hacía tiempo. Escuchó cerrar las puertas del tren e ,impertinentemente descarada, se arrojó a las vías en el momento exacto que arrancó la máquina.

El conductor todavía puede oler el éxito del día que Shara llevaba esperando mucho tiempo, se podría decir que toda la vida.