Es que los niños son muy crueles

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Es que los niños son muy crueles.“, seguro que habéis escuchado esa frase. Realmente no creo que sea cierta, he tratado a muchos niños que no son crueles y me parece, más bien, que los niños aprenden del entorno la crueldad.

Quizá una de las situaciones más graves en las que la he escuchado es para explicar el acoso escolar. Pero, ¿es innata esa falta de empatía y ese dañar al otro o es algo que les hemos enseñado los adultos? ¿son muy crueles los niños o es que les enseñamos a serlo? Vamos a hablar sobre quienes son los responsables reales del acoso escolar.
Desde hace unos días circula por las redes la carta de la maestra sueca Katarina Magnus que señala a los padres como los culpables de estas situaciones.

Queridos padres del jardín de infantes Grålum
A luz de la gran atención mediatica que está teniendo recientemente el abuso escolar en nuestra sociedad, la asociación ha decidido emitir una llamado general a los padres sobre cómo pueden ayudar desde casa, alrededor de nuestras propias mesas de comedor.
En el preescolar Grålum el acoso escolar no es un problema conocido, pero todos podríamos recordar cómo nuestras actitudes tienen un gran impacto en los más pequeños. ¡Lean!
¡Ustedes enseñan a los niños a abusar!
Sí, han leído bien. Tienen que admitirlo. Esto es porque:
*Se sientan a a la mesa y se quejan de las elecciones o no elecciones de sus amigos.
*Se sientan frente al televisor y critican a los participantes o personajes por su comportamiento.
*Miran la tablet o el teléfono y hacen comentarios negativos sobre la apariencia de alguien.
*Leen el periódico y ridiculizan a cualquiera con una opinión diferente.
*Conducen su coche y se enojan con otro conductor por temas de tráfico.
*Entornas los ojos porque alguien hace las cosas de forma diferente que tú.
*Decir algo despectivo sobre alguien por diferencias de fe, raza o por tener un punto de vista distinto al tuyo.
*Criticar el estado financiero de otra familia, sus últimas compras o sus elecciones a la hora de ir de vacaciones.
* Mostrar claramento con todo su lenguaje corporal que no te gusta alguien.
Tus palabras, lenguaje corporal y expresiones faciales enseñan a tu hijo que está bien decir cosas negativas de los otros. Sí, tú no sólo enseñas que esto está bien, también les demuestras que hay que ser intolerante.
Somos modelos para nuestros hijos y ellos no saben más de lo que nosotros les enseñamos
Ésta es una fuerte llamada de nuestra parte y urgimos a todos los padres a que autoexaminen sus propias conductas y consideren cómo afecta a los más pequeños.
El abuso escolar empieza y termina con nosotros. Todos tenemos que ser más tolerantes, inclusivos, flexibles y generosos con el otro, para que nuestro s hijos también sean estas cosas. Así que tenemos un trabajo que hacer. ¿Están listos para el cambio? Lo estamos. Estamos listos para ayudar en lugar de hacernos daño los unos a los otros.
Siento si alguien se siente ofendido por esto, pero algunas veces necesitamos hacer un llamado para despertar, para que cambien las cosas.
¡Esperemos que esto tenga un impacto en la dirección correcta!
¡Que tengan un buen día!

Yo iría incluso más lejos que Katarina, no solo los padres enseñan a los hijos que el acoso es adecuado al realizar las mismas dinámicas en su entorno, sino que los padres, y a veces también los propios maestros, comienzan las mismas dinámicas contra los niños, disfrazándolas de agobio o de educación. ¿Estoy diciendo que son los adultos los culpables del acoso?

Mientras los adultos enseñen a acosar y tengan dinámicas de violencia emocional con los niños, ninguna medida, sea en el ámbito escolar, sea institucional, tendrá efecto total o duradero, pues el modelo está ya profundamente marcado como válido en los niños.
Los niños que acosan no pertenecen necesariamente a una clase social desfavorecida, ni vienen de familias con problemas. Los niños que acosan son, generalmente, niños a los que se les ha enseñado a acosar o que han sufrido acoso y, para ser fuertes y no ser víctimas, lo reproducen, sea como defensa, sea como manera de expresar su malestar y su dolor. Pero, ¿qué hacemos los adultos para convertir a los niños en acosadores? Vamos con ello.
Los padres se pueden convertir en ejemplos de lo que hace un acosador. Ellos actúan como acosadores. Cualquiera que haya sufrido acoso laboral, maltrato de su pareja o ex pareja o acoso en las redes, sabe bien lo que digo: insultos, burlas, chantaje, amenazas, críticas despiadadas o comentarios dañinos sobre amigos, vecinos, familiares o sobre cualquier personaje, más o menos público. Se trata de comportamientos muy extendidos. Los niños absorben todo. Los niños asimilan que lo que sus padres hacen es correcto. Luego, lógicamente, digamos lo que les digamos, ellos harán lo que les hemos mostrado que hacemos nosotros.

En el acoso escolar, además, es evidente que se están repitiendo comportamientos abusivos que los padres tienen con sus propios hijos. ¿Qué locura es esta que digo? Si, los “métodos” de educación y crianza que dañan las emociones de los niños, que usan la agresión física, emocional, o verbal, niegan sus necesidades, amenazan, chantajean, insultan, vejan y se burlan del niño son acoso, aunque se intenten justificar.

Si abrimos los ojos y observamos veremos que muchos niños siguen sufriendo agresiones físicas, y no me refiero a palizas, sino a azotes, empujones, ser arrastrados, ser zarandeados o incluso reciben un bofetón. Comparaciones dañinas, amenazas directas de dejar de ser amados, chantaje para conseguir que el niño haga algo que no desea, sarcasmo, palabras duras y hasta insultos, bromas de mal gusto o sencillamente, hablarles sin el respeto que se supone que usamos con cualquier adulto, siguen siendo habituales. No difiere tanto de lo que luego, si el niño hace con otros niños, consideraremos inaceptable, pero es lo que ellos han aprendido que no es tan grave hacer, ya que sus padres lo hacen.

¿Podemos mantener la autoridad mediante la imposición mucho tiempo? Me temo que no. La manera de construir una familia que dialoga es comenzar con el diálogo desde pequeños, incluso cuando tienen dificultades todavía para ese tipo de relación. Con paciencia, con mimo, con atención plena. Sin castigos, ni gritos, ni cachetes. Y, de este modo, también enseñamos a los niños que ser más fuerte o querer sentirse más fuerte no da derecho a maltratar, que sentirse abrumado no da derecho a maltratar, que tener miedo o querer mantener una posición jerárquica dominante, no da derecho a maltratar.

Es decir, si usamos insultos y vejaciones verbales los niños van a actuar de ese modo con otros. También, si los exponemos a la violencia ellos la van a copiar y reproducir. No es necesario usar técnicas conductistas en la crianza y la educación de los niños (aunque sirvan para manipularlos) si los adultos son modelos buenos y no enseñan a los niños violencia, ni permiten que sean expuestos a ella. Podemos matizar que los niños muy pequeños pueden no saber canalizar o expresar sus emociones negativas, pero ahí está el adulto para educar de verdad con ejemplo y empatía, a la vez que se cuida mucho de averiguar, si el niño recibe modelos violentos del entorno.
También, si creemos que nuestros hijos merecen no aprender a ser violentos, debemos exigirnos poner los medios para que nuestros hijos no aprendan violencia de la televisión, otros niños con comportamiento agresivos, la escuela, los maestros o miembros de la familia extensa que pueden seguir recurriendo a humillaciones, gritos, insultos, chantajes o azotes para criar o educar. Si no exponemos a los niños a la violencia, no somos agresivos verbal, emocional o físicamente con ellos, los niños no van a ser agresivos.

La responsabilidad del mal comportamiento es nuestra y, es evidente, que las conductas de los padres en el ambiente familiar o el entorno social y escolar van a reflejarse en la conducta de los niños. Además, sabemos que la violencia afecta al cerebro de los niños, que pegarles les puede causar trastornos mentales y que los vuelve agresivos.

Los adultos y el entorno hacen a los niños violentos. Lo que los niños necesitan es ser respetados y vivir en un ambiente pacífico, no que les hagan más daño por algo que los adultos les han enseñado a hacer.

Los niños no son crueles. Los volvemos nosotros y el entorno crueles. Cada vez que los dejamos llorando de noche en su cuna, cada vez que les gritamos, cada vez que nos burlamos de sus fallos, cada vez que golpeamos su alma con la indiferencia cuando tienen un berrinche, cada vez que les obligamos a besar a quien no quieren besar, cada vez que hablamos despectivamente de ellos o a ellos, cada vez que les decimos que son tontos, o malos, o que siempre se portan mal, cada vez que los tratamos como no deberíamos tratar a ninguna persona, y mucho menos a alguien indefenso y que depende de nosotros. Cada vez que les amamos mal y descargamos en ellos nuestras frustraciones. Los volvemos crueles. Y luego no deberíamos asombrarnos de que ellos hagan lo mismo con otros niños.

 

Mireia Long. Co-directora y fundadora de La Pedagogía Blanca. Experta en antropología de la crianza y la educación, en pensamiento divergente, en establecer límites sin castigos y comunicación no-violenta, en aprendizaje online y cooperativo, en organización de espacios educativos y en altas capacidades.
Licenciada en Geografía e Historia, profesora, conferenciante, madre homeschooler. Ha trabajado además como periodista, publicista y actriz. Autora de los libros: “Una nueva maternidad” y “Una nueva paternidad”.
http://www.pedagogiablanca.net/
http://mireialong.com/

3 comments for “Es que los niños son muy crueles

  1. 14 marzo, 2016 at 11:32

    Muy de acuerdo Mireia!
    Yo veo constantemente situaciones de lo más absurdas…padres que pegan a sus hijos para enseñarles que “no se pega”, padres que gritan a los niños o les hablan sin respeto pero sí que exigen respeto a los demás…madres que ridiculizan en público a sus hijos para que ellos no acosen a los demás (como el caso tan famoso de la madre que puso en ridículo a su hijo en Facebook para que dejara de acosar…osea, le hace ciberbullying para que él no lo haga ¡toma ya!).
    Somos el ejemplo de nuestros hijos, a ver cuándo se nos mete en la cabeza…

  2. 14 marzo, 2016 at 12:13

    Cierto de principio a fin. No podemos obviar nuestra responsabilidad en esto.

  3. Patricia
    16 marzo, 2016 at 12:55

    Espectacular Katarina Magnus. No se podría decir más claro. En todas mis experiencias observadas con niños acosadores, cuando los hechos se ponían en conocimiento de los padres, estos, contra toda lógica, arremetían contra el mensajero o “denunciante”, minimizando los hechos y acosando de nuevo a los padres de los agredidos. Me sale un 100% (en lugar de lo que debería ser una reacción lógica: pedir perdón por los hechos, sin justificaciones de ningún tipo, e intentar tener una charla larga con sus hijos para evitar que sigan actuando así”)

    La carta a los padres de esta (inteligentísima) maestra sueca debería ser enmarcada en cualquier centro educativo (y en cualquier entorno con niños, hogar de los padres incluido).

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