El síndrome de la madonna y la puta

Todos hemos conocido alguna vez a ese macho muy macho que tiene una novia o esposa a la que le es sistemáticamente infiel pero a la que asegura adorar. O a ese señor al que le encanta repetir eso de ” todas las mujeres son iguales, excepto mi madre y mi mujer, claro”. Por no hablar del que se va a clubs de swingers pero no con su pareja, no, sino con una profesional que contratan para la ocasión. Y las prostitutas están hartas de recibir clientes que quieren que ellas le hagan lo que su mujer no va a hacerles… más que nada porque él nunca ha tenido valor para pedírselo a la legítima-

Pues sí, este dilema tiene raíces muy antiguas: Se constata muy frecuentemente en nuestro folclore lo que Freud  en 1910 llamó el complejo de Madonna-prostituta, en el que se desdobla la figura femenina en una completamente «mala» y otra completamente «buena».

«Huid, huid las mujeres / Que son dañosas culebras. / Temamos todos a Dios / Y a la Virgen, Madre nuestra…».

Al parecer, el autor no repara en que la Virgen es también una mujer.

 

 

El “Complejo de la madonna/ puta” es un complejo que se crea en la psique de los varones a partir de su intrahistoria y su extrahistoria.

O sea, de lo que viven en casa y de los que les enseña la sociedad, frente al imperativo de lo que le dictan sus hormonas, atrapado entre la dicotomía entre la chica virginial (“Madonna”) y la “prostituta

Este dilema de muchos hombres se ha convertido en uno de los clichés más frecuentes en la ficción

El hombre se ve ven obligado a elegir entre ser virginales y mojigatas, y ser sensuales y sexualmente entusiastas. Seguramente alguna gente pensará que exagero, que eso ya no es así y que las chicas ya pueden hacer lo que deseen sin que nadie las juzgue y los chicos pueden elegir a quien deseen ( nunca mejor escrito lo de “desear”) . Pero no es así: las indicaciones sociales, siempre sutiles e invisibles, pero muy perceptibles, están ahí.

Y las mujeres se encuentran con un dilema muy grande  si te pasas de santa eres una mojigata aburrida e invisible a ojos de la sociedad. Y si te vas al otro extremo, te  pondrán de puta para arriba.

Y así, si no quieren caer al precipicio social, las chicas se ven obligadas a andar haciendo equilibrios por una fina cuerda sobre el abismo. ¿Con cuántos chicos es aceptable haberse acostado antes de casarte con el “definitivo”? ¿A partir de qué punto el escote deja de ser elegante y empieza a ser de putón? ¿Cuánto maquillaje es demasiado maquillaje? ¿Cuándo es demasiado corta la falda?

Yo recuerdo que cuando era joven las amigas de mi pandilla tenían una cifra mágica. Si un hombre les preguntaba cuántos había habido antes, la respuesta siempre era “tú eres el tercero”. Decir “el segundo” era peligroso, porque se compararían siempre con el anterior. Y decir “el primero” no iba a colar. Mis amigas eran bastante abiertas y en Madrid residían entonces dos millones de personas. Si una sabía moverse por los ambientes adecuados, no había peligro de que el susodicho supiese con quien habías estado antes. Nosotras vivíamos en las afueras de la ciudad, y solíamos movernos por el centro Teníamos mucho ojo en no ligar nunca con chicos de la misma pandilla o que pudieran conocerse entre sí. En Bermeo sucedía lo mismo. Se ligaba en fiestas de Bilbao, para que los del pueblo no pudieran tener constancia de lo que una hacía

Hace ya un buen puñado de años, una cantante con un solo éxito ( one hit wonder, en inglés) , llamada Meredith Brooks, daba con el quid de la cuestión de toda esta historia:, la realidad es que somos un conjunto de cosas a menudo opuestas entre sí, y se puede ser muchas cosas a la vez.  “I’m a bitch, I’m a lover / I’m a child, I’m a mother / I’m a sinner, I’m a saint / I do not feel ashamed”.  Pero muchos hombres no lo saben, y se quedan atrapados entre la Madonna que tienen en casa y la puta a la que buscan fuera

 

el “Complejo de la madonna/ puta”, un complejo que se crea a partir de su intrahistoria y su extrahistoria. O sea, de lo que viven en casa y de los que les enseña la sociedad, frente al imperativo de lo que le dictan sus hormonas, atrapado entre la dicotomía entre la chica virginial (“Madonna”) y la “prostituta

Este dilema de muchos hombres se ha convertido en Uno de los clichés más frecuentes en la ficción

El hombre se ve ven obligado a elegir entre ser virginales y mojigatas, y ser sensuales y sexualmente entusiastas. Seguramente alguna gente pensará que exagero, que eso ya no es así y que las chicas ya pueden hacer lo que deseen sin que nadie las juzgue y los chicos pueden elegir a quien deseesn ( nunca mejor escrito lo de “desear”) . Pero no es así: las indicaciones sociales, siempre sutiles e invisibles, pero muy perceptibles, están ahí.

Y las mujeres se encuentran con un dilema muy grande  si te pasas de santa eres una mojigata aburrida e invisible a ojos de la sociedad. Y si te vas al otro extremo, te  pondrán de puta para arriba.

Y así, si no quieren caer al precipicio social, las chicas se ven obligadas a andar haciendo equilibrios por una fina cuerda sobre el abismo. ¿Con cuántos chicos es aceptable haberse acostado antes de casarte con el “definitivo”? ¿A partir de qué punto el escote deja de ser elegante y empieza a ser de putón? ¿Cuánto maquillaje es demasiado maquillaje? ¿Cuándo es demasiado corta la falda?

Yo recuerdo que cuando era joven las amigas de mi pandilla tenían una cifra mágica. Si un hombre les preguntaba cuántos había habido antes, la respuesta siempre era “tú eres el tercero”. Decir “el segundo” era peligroso, porque se compararían siempre con el anterior. Y decir “el primero” no iba a colar. Mis amigas eran bastante abiertas y en Madrid residían entonces dos millones de personas. Si una sabía moverse por los ambientes adecuados, no había peligro de que el susodicho supiese con quien habías estado antes. Nosotras vivíamos en las afueras de la ciudad, y solíamos moveros por el centro Teníamos mucho ojo en no ligar nunca con chicos de la misma pandilla o que pudieran conocerse entre sí. En Bermeo sucedía lo mismo. Se ligaba en fiestas de Bilbao, para que los del pueblo no pudieran tener constancia de lo que una hacía

Hace ya un buen puñado de años, una cantante con un solo éxito ( one hit wonder, en inglés) , llamada Meredith Brooks, daba con el quid de la cuestión de toda esta historia:, la realidad es que somos un conjunto de cosas a menudo opuestas entre sí, y se puede ser muchas cosas a la vez.  “I’m a bitch, I’m a lover / I’m a child, I’m a mother / I’m a sinner, I’m a saint / I do not feel ashamed”.  Pero muchos hombres no lo saben, y se quedan atrapados entre la Madonna que tienen en casa y la puta a la que buscan fuera

Antonio Machín lo dejaba muy claro en su famosísimo bolero “Corazón Loco”

“Aquí va mi explicación, pues me llaman sin razón corazón loco. Una es el amor sagrado compañera de mi vida. Esposa y madre a la vez, y otra es el amor prohibido, complemento de mis ansias y a quien no renunciaré.”

 

 

 

La idealización es la supervaloración afectiva inconsciente de personas y situaciones. Es decir, uno sobrevalora a una persona. El que sufre el complejo de madonna /puta normalmente idealiza a la que entiende como santa, que nunca va a poder ser tan santa como él cree. La idealización sirve para mantener a distancia a las personas: la sanata es tan santa que el hombre en realidad ni la toca, y la puta lo es tanto como para que no la integre en su vida(disociación Madona-Prostituta) Pero, tarde o temprano, casi siempre . la figura se desploma y con ella las vanas ilusiones neuróticas. Los ídolos tienen pies de barro y se desploman sobre quienes los han erigido. Más de uno y más de dos se han enterado de que la santa no era tan santa cuando ella les ha dejado por otro y de paso se ha llevado la casa, los niños, una pensión compensatoria y la mitad de lo que había en las cuentas.

 

1 comment for “El síndrome de la madonna y la puta

  1. lyserg
    17 febrero, 2016 at 18:31

    Ahí no es cualquier cosa el asunto. Nada menos que el mito de la virgen (madonna), de la pureza que debe atribuir a la santa esposa-madre. La santidad de la madre, la perdición del pecado encarnado en la mujer salvaje-puta. Es una ecuación esquizoide que resume la esencia del machismo mucho mas allá de un simple conjunto de zafiedades / ñoñerías.
    Porque entronca con las reaices de muchas culturas cuyo denominador común es el valor de la mujer virgen como objeto de intercambio. Hasta el punto que haya ahondado tanto la teoría de que ESE es el origen de toda civilización.
    Quien sabe desde nuestra ignorancia. Lo que sigue latiendo bajo un aparente naturalismo es la compulsión de tantas mujeres a ser madres como “paso” ineludible para alcanzar una especie de condición de tipo trascendente. Muy curioso. Y mucho más su utilidad durante siglos para el sometimiento de todas y tod@s y la re-producción de una forma de riqueza (la mayor): súbditos siempre dispuestos a competir entre si por las migajas destinadas a ellos. Todo imposible sin las hiperparturientas y santas….. madonnas !!!!

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