EL CASO VALLECAS

A lo largo de mis estudios de Criminología conocí el caso de Estefanía Gutiérrez Lázaro.

Richy era un compañero simpático y singular, con un carácter muy particular, tan inocente como carismático y dueño de un humor del que no tenía consciencia. Recuerdo una tarde, antes de las clases, cuando llegó a la cafetería de la facultad, muy nervioso, preguntándome si conocía la historia de una chica de 18 años que había muerto en Vallecas después de hacer la ouija. Durante la noche anterior, Richy vio en televisión un programa, quizá “Cuarto Milenio”, que trataba la extraña muerte de Estefanía. Sugestivo hasta la médula, apagó el aparato, pero no pudo quitar su mente de aquel escalofriante suceso.

Yo, quizá por el tiempo que pasé en el extranjero, quizá porque uno no siempre lo abarca todo, jamás había escuchado hablar de la muerte de Estefanía. Richy me pidió que le investigara por internet de qué se trataba, porque mantenía la intriga y sin embargo se sentía incapaz de hacerlo él. Su mayor miedo en ese momento, tal fue el susto recibido, no era otro que alguien osara hacer ouija en su edificio.

Estefanía contaba con 18 años cuando, durante la ausencia de una profesora, un día de marzo de 1991 decidió hacer la ouija en el instituto con unas amigas. Según los presentes, otra docente se personificó de forma inesperada, rompiéndose el vaso del tablero y adentrándose un extraño humo por la nariz de la joven.

Esta no era la primera vez que Estefanía practicaba espiritismo. En los meses anteriores a ese día, solía hacerlo con frecuencia, tanto sola como acompañada. Sin embargo, fue a partir de ese fatídico día cuando nuestra protagonista comenzó a experimentar notables cambios. Convulsiones que probablemente fueran epilepsia dejaban a la víctima rígida, con los ojos en blanco mientras balbuceaba. La familia Gutiérrez llevó a su hija a distintos hospitales, pero al parecer ninguno dio con la patología de la infortunada Estefanía. Mientras tanto, ella aseguraba tener visiones nocturnas de un grupo de hombres en corro alrededor de su cama, con rostros vacíos, llamándola por su nombre y reclamando su compañía: “Ven con nosotros”.

Estefanía Gutierrez Lázaro

En la noche del 14 de agosto, Estefanía sufrió una extraña agonía. Un fuerte ataque se apoderó de ella, terminando en catalepsia severa al cabo de unas horas, mientras la chica gritaba, convulsionando desesperada hasta que falleció en el hospital Gregorio Marañón, donde llegó en coma. La autopsia realizada por el forense Pedro Cabeza no arroja un claro resultado, al tratarse de una “muerte súbita y sospechosa”.

Según los padres de Estefanía, desde el momento del deceso de la joven, comenzaron a sucederse en el domicilio familiar incesantes fenómenos paranormales. La voz de Estefanía llamando a gritos a su madre sin existir presencia alguna ó la cama de la joven revuelta producían escalofríos en la familia Gutiérrez, mientras las incesantes carcajadas de un anciano retumbaban en las paredes. La madre de Estefanía, Concepción, aseguró que se trataba de su padre, fallecido cinco meses antes que su hija, quien antes de morir prometió hacerles la vida imposible. Según Concepción, su padre sentía inquina por todos ellos, especialmente por Estefanía.

Concepción enharinó el suelo y a su regreso encontró las huellas de las zapatillas de un hombre. Colocó hilos entre las puertas de su casa, encontrándoselos arrancados a su vuelta a la vivienda. Una noche, Concepción se encontraba en su cama cuando notó que alguien le tocaba las manos y los pies. Ella y su marido, Máximo, decidieron colocar una alarma que llegó a sonar, sin que se encontrara a nadie en la casa familiar.

Días después de estos horribles acontecimientos, las hermanas de Estefanía, que compartían cuarto, vivieron un espeluznante episodio de madrugada. Un lamento las despertó y, al abrir los ojos, una silueta masculina, de cara lisa y negra, se arrastraba por la habitación, mientras que sus muñecas eran lanzadas contra la pared ante los gritos de ambas niñas. Cuando los padres acudieron para ver lo que les sucedía a sus hijas, se las encontraron encogidas, muertas de miedo, ante un gran desorden propio de haber estado jugando durante una tarde entera.

Fotografía extrañamente quemada de Estefanía

La familia puso en conocimiento de la Policía Nacional estos hechos y, pese a los esfuerzos del inspector José Pedro Negri, no se encontró ninguna explicación razonable a lo que allí sucedía. Babas, un crucifijo roto, el movimiento de las puertas del mueble-bar  ó arañazos en un Cristo convirtieron a los agentes, en principio escépticos, en testigos de que en aquella casa estaban ocurriendo fenómenos paranormales. Una noche de difuntos, una fotografía de Estefanía se quemó de forma inexplicable. Cabe señalar que el retrato estaba colocado sobre el mármol de un cubre radiador y que el marco y el cristal que portaban la imagen no sufrieron daño alguno.

Informe de la Policía Nacional

Ante estos sucesos y el miedo de los vecinos, quienes optaron por apartarse de la familia Gutiérrez, Concepción -quien trató de quitarse la vida tres meses debido a la ansiedad producida por estos fenómenos- y Máximo decidieron mudarse a otra casa. Los posteriores inquilinos del domicilio donde vivió Estefanía jamás han experimentado nada raro.

En la nueva casa de los Gutiérrez, al principio existieron leves manifestaciones, que prontamente se calmaron para no volver más. El equipo de “Cuarto Milenio” asegura que, durante la grabación de una entrevista a los padres de Estefanía en su posterior vivienda, se colaron en el audio unas voces que comentaban “no puedo”, “déjala, está tarada” y “ojo, no hemos comenzado”.

¿Puede la ouija ocasionar algo así? ¿Existen los fantasmas? ¿Se debió a causas extrañas la muerte de Estefanía ó simplemente su enfermedad no logró ser diagnosticada? ¿Se encontraba su familia sugestionada? ¿Es posible que alguno de ellos fuera el causante de los fenómenos inexplicables, bien fuera a propósito como de forma inconsciente? ¿Epilepsia, esquizofrenia, sugestión? ¿Existen sonidos imperceptibles para nuestro oído que interpretamos según nuestra creencia en lo paranormal? ¿Es este caso un fraude?