DARIO LUCIA 21/O5/2016

En cualquier caso,  en general, y en lo que recuerdo, en el pasado, mis encuentros sexuales eran un poco así. Nos vamos a la cama. Nos besamos, un poco  (poco), nos arrancamos la ropa o si no nos da tiempo ni siquiera nos la quitamos.  Postura uno, él encima, portura dos yo encima, postura tres perrito, y en caso de que nos llevemos muy muy bien,  quizá rematemos con sexo anal.  Ah, sí, se me olvidaba. Eventualmente, hay sexo oral entre un cambio de postura y otro.  Y todo, por cierto, va muy rápido.  Y no voy a negar que podía ser muy divertido y muy agradable porque no lo voy a negar. Pero no voy a negar tampoco que había momentos en los que realmente me dolía. Estaba allí aguantando las embestidas solo porque pensaba que antes o después tendría un orgasmo y aquello merecería la pena o, cuando estaba casada, porque quería hacerle feliz.  No me quejo en absoluto de mi vida sexual,  pero en el fondo, era muy superficial

Lo  que me extraño de ti es que no cambiamos de postura en toda la noche, no dejamos de mantener contacto piel con piel en toda la noche y no dejamos de besarnos en toda la noche. Todo resultaba muy ingenua y muy inocente, adolescente incluso, pero en esa ingenuidad radicaba precisamente su encanto.  Por eso me enfadé tanto conmigo misma por estar tan borracha. Me hubiera gustado estar más consciente, para registrarlo mejor. Pero si no hubiera estado tan borracha no me habría desinhibido. Soy muy muy muy tímida.

 

( El envenanado don de la locura)

 

poliamor (1)