Carta a mi madre

por MARTA PONS

 

Tengo tiempo, por desgracia, mucho tiempo.

Aprovecho este tiempo infinito que me habéis concedido vosotros, mis padres, para intentar

explicarte una historia que quizás te suena.

Había una vez un bebé que fue abandonada por el simple hecho de ser niña.

Ese bebé vivió durante Los primeros años de su vida acompañada de otros bebes que, al igual que

ella, lloraban, moqueaban o simplemente miraban catatónicos por la ventana, a la espera de que

entrara un rayo de luz que les hiciera menos frío y corto el día.

Ese bebé se hizo más mayor, lo suficiente como para que se le concediera el honor de ser sacado de

esa habitación.

Y esa ya niña, en un día soleado, llegó a una casa que estaba muy lejos del único lugar que ella

conocía desde que nació.

Sus primeros años fueron muy felices.

Alguien que se hacían llamar mamá y papá, la abrazaban, la mimaban y la trataban como ella

nunca había pensado que se podía tratar a alguien.

Hubo un día en que esas cosas cambiaron.

¿Te suena esta historia?

¿Te duele escucharla? Espero que sí.

Cambió mi vida otra vez. Pasé de ser una niña querida y afortunada a ser una niña apocada, triste y

vergonzosa.

Os empecé a odiar, a ambos.

Os odiaba por haberme sacado de un agujero de desgracias,  atrayéndome cn caramelos y falsas promesas,

para meterme en otro mucho peor.

Os odiaba y a la vez os quería desesperadamente.

Mi única meta era ser querida por vosotros. No necesitaba que me quisiera el resto del mundo

Solo vosotros.

Llenasteis de pastillas mi desayuno, la comida y la cena.

Me llenabais de inquietud y angustia todas las horas que pasaba a vuestro lado.

Y esa angustia un día acabó. Duró mucho el dolor aunque creyerais que estaba mitigado por las

drogas.

Dolía y dolía mucho ser consciente que vosotros, aquellos que cruzasteis medio mundo para

¿ rescatarme? , estabais ahí respirando tranquilos mientras acababaisviolentamente con todas mis ilusiones.

Pero ti madre, te odié más. Te odié más que a él porque siempre pensé que habías sido tu la que

realmente me querías de verdad.

Y aquí estoy, tirada en una cuneta esperando a que alguien me encuentre.

Esperando que alguien algún día me pueda dar una respuesta a todas mis preguntas y así, que

acabe este sufrimiento.

Esperando que, con el tiempo y con la tranquilidad que parece va llegando tras la luz blanca, sea

capaz de perdonarte.

Creo que algún día lo conseguiré, realmente lo deseo.

Oigo sirenas, muchas voces.

Se está haciendo de día y estoy cansada, muy cansada.