BULLYING, ACOSO EN TELEVISIÓN Y CULPABILIZACIÓN DE LA VÍCTIMA

Por ANDREA MENÉNDEZ FAYA y EVA ÁLVAREZ

Ayer en la página de Facebook de Lucía Etxebarria publicábamos una encuesta simple en la que se exponía el caso de una menor acosada en su instituto a quien la madre optó por cambiar de centro. Esa menor fue víctima, pero tratada como verdugo. La culpa del acoso recaía sobre ella misma, según los agresores y los que permitían la agresión. Al cambiar de centro, el acoso cesó y la menor pudo relacionarse sin problema con otros iguales

Se animaba al lector a decidir la actuación a posteriori de la madre de la menor: A) pasando página, olvidando y siguiendo adelante. B) Denunciando y publicando la situación a la que la joven fue sometida para que no se repitiera con otros alumnos.

Todos los que votaron optaron por la opción B.

Sin embargo, muchas de esas personas son las que día tras día, aconsejan a Lucía Etxebarria que deje el tema de Telecinco y Campamento de Verano. “Deja de hablar de ello que eres una pesada” o “Te estás forrando de salir en la tele” o “Esto lo haces para promocionarte porque no vendes un puto libro” son las que leemos constantemente en el perfil público de la escritora. Parece que cuando vemos el mismo caso con otro nombre se nos abren los ojos y vemos que el acoso no se puede silenciar.

Acoso es cualquier conducta que ataca la integridad física o emocional de una persona. Cualquier acto violento -verbal o físico- que produce que una persona entre en una crisis nerviosa capaz de destrozarle la vida. Nosotras lo hemos vivido con nuestra amiga, que entró a un programa llena de vitalidad y salió hecha un despojo. Acoso es lo que hacen unos matones con la víctima más débil que encuentran. Y también es acoso lo que hacen los espectadores del matón sin mover un dedo por defender a la víctima.

Las víctimas de acoso, lo sabemos, están indefensas. Están, en muchos casos, criminalizadas. “Tú te lo buscaste”, “tú sabías dónde te metías”, “tú te lo mereces”. Nunca se busca la razón por la que el acosador actúa así, el complejo narcisista que le mueve a creer que es más que la persona que tiene en frente y por eso puede manipularla y atacarla sin escrúpulos. Nadie se fija en el acosador, en el que amenaza y agrede. Hemos visto que a Lucía la han amenazado de muerte (sí, de muerte: “cuando salga de aquí te cojo y te quemo viva, hija de puta”) y de agresión (“que la suban a una grúa y la suelten”). Lo hemos visto en directo, y no hemos visto lo que ha pasado sin una cámara delante y que Lucía sí que nos ha contado a sus amigos. Lo que no se emitió y que no se puede contar porque la cadena amiga obliga a sus concursantes a firmar una abusiva cláusula de confidencialidad. Por no hablar de la no menos abusiva cláusula que les obliga a pagar una cantidad desmesurada si quieren abandonar.

¿A dónde tiene que llegar esta situación? ¿Tiene que surgir un verdadero problema, un suicidio, un intento, un ingreso en una clínica, para que se entienda que lo que sucede es algo grave? ¿A cuántas personas de la farándula de este país se han cargado programas como este? ¿Cuántas quedan por sufrir?. Se ha convertido a todo aquel que pase por un plató de televisión en un títere al que manejar, y que si no se deja manejar, se le empiezan a clavar alfileres hasta que se rompe del todo. Y entonces hay que buscar otro, y otro, y otro.

Nosotros hemos visto a nuestra amiga explotar. Como en los mismos casos de acoso escolar y laboral que hemos investigado para nuestro libro, a Lucía se la ha tachado de loca. Loca porque no sabe admitir las bromas, los insultos, las agresiones físicas o la obligatoriedad de estar en un sitio cuando no quiere. Loca, porque no se ha dejado manejar. Porque, como ser humano, ha tenido un límite. No se ha llamado locas a las personas que la amenazaban de muerte o de agresión. De hecho, se las ha defendido. “Es normal que si estás ahí te insulten”. La normalidad, asusta.

La joven Nagore Laffage fue asesinada por José Diego Yllanes durante los San Fermines de 2008. Nagore hacía prácticas de enfermería en el mismo hospital donde José Diego fungía como psiquiatra residente. La noche del 7 de julio se encontraron y subieron al apartamento de él. Jose Diego desnudó a Nagore violentamente, desgarrándole la ropa y provocando el miedo de la estudiante de enfermería, quien quiso abandonar el lugar y se encontró con la muerte. Durante el juicio contra José Diego Yllanes, el jurado popular le preguntó a la madre de Nagore si su hija era muy ligona. Este es un claro ejemplo de la doble victimización mediante la culpabilización de la víctima.

En diversos países, aún se azota y encarcela a la mujer que ha sido violada y hasta sus propios padres resuelven matarla en ocasiones “para limpiar el honor de la familia”.

Un considerable número de mujeres que se inmolan con explosivos en actitud muyahidina, han sido violadas. Al quedar manchadas y ser despreciadas por la comunidad, se vengan matando en el nombre de Allah a miembros del colectivo social o religioso que les provocó el daño. En su cultura, la victimización las convierte en culpables y no les queda otro remedio que terminar con sus propias vidas.

Hasta hace muy poco, las mujeres que se quedaban embarazadas de solteras eran unas putas y el que las preñaba y se largaba, pues nada, porque eran cosas de hombres y la culpa era de ellas por no conservar su virtud. Sus hijos eran señalados e incluso tenían que hacer la comunión en solitario un día distinto al del resto de niños.

Aquellas criaturas que eran dejadas en los orfanatos al nacer, quedaban distinguidas con los apellidos “Blanco” y “Expósito”, para que todo el mundo conociera siempre su origen.

Podríamos seguir enumerando ejemplos, pero no es necesario porque todo el mundo sabe de sobra que culpabilizar a la víctima no es nada nuevo.

Para nadie es un secreto que no todos los niños se acuestan a las 21 horas, ni que el total de los  padres no impide que éstos vean contenidos impropios para su edad. En la época estival, si los padres ven programas como “Campamento de verano”, no son pocos los críos que hacen lo propio, porque aprovechando las vacaciones se acuestan tarde.

Hay que tener muchísimo cuidado con los modelos a imitar que la televisión les puede presentar a nuestros hijos. Si esa pandilla suburbana, conformada por adolescentes y jóvenes y denominada “chonis” se deslumbra ante el personaje de Gaby y trata de imitarla en todo, ¿qué no van a hacer las niñas, siendo mucho más influenciables? No es raro que al ver entrar a esta chica en el campamento en limusina rosa, con su pelo rubio de Barbie y arribando en el lugar como la mismísima Paris Hilton, las chiquillas copien todas sus actitudes para ser como ella. Que lo mismo te amenaza de muerte que te patea la cabaña cuando has perdido el conocimiento, todo sea dicho. Si en televisión nos muestran que lo IN es ser una matona de extrarradio, seres cuya personalidad aún no está conformada emularán fácilmente las actuaciones de Gaby. Comportamientos que, por supuesto, padecerá su entorno.

6 comments for “BULLYING, ACOSO EN TELEVISIÓN Y CULPABILIZACIÓN DE LA VÍCTIMA

  1. Ana
    18 septiembre, 2013 at 17:32

    En mi opinión de ex-abusada emocionalmente (no diré por quien, sólo que hace tiempo que salí exitosamente de ese pozo), textos como éste y el hecho de que Lucía Etxebarría denuncie públicamente lo que en realidad sucede en todos nosotros y en la sociedad cuando el abuso o violencia emocional se tolera en un medio público o sea alentado descaradamente por dicho medio, se merece un BRAVO.

    Repito ese BRAVO porque como bien se ha aconsejado a Lucía en muy contadas ocasiones (agachar la cabeza y aguantarse sólo perpetúa el problema y no estoy en absoluto de acuerdo con ese tipo de consejos que le han dado), toda esta labor de denuncia y educación se ha de realizar sin alimentar a los abusadores.

    Hay que actuar, sí, valientemente, pero evitando en la medida de lo posible que a los que abusan se les dé información emocional personal sobre la víctima de abuso, en este caso la señora Lucía Etxebarría, y haciéndolo desde luego sin que las rabietas, mentiras y tramas de los abusadores sean en ningún caso el centro del asunto y tengan el protagonismo, cual hazañas.

    Lo que realmente persigue el abusador es sentirse el centro de atención, que se sepa que ha sometido a otra persona y cómo de débil ésta es gracias en comparación con él .

    Centrarse en cuáles son los verdaderos efectos del abuso emocional en las víctimas y en la sociedad, sin dejar de lado los trucos de los mismos abusadores (que consisten en culpar sutilmente a las víctimas de abuso o mejor aún, que sean ellas mismas quienes se autoculpen por lo sucedido), es el camino a la verdadera solución del problema.

    Dicha solución radica, por supuesto, en la educación emocional tanto del que es abusado (para que se dé cuenta de que lo es y deje de permitirlo) como de los que lo contemplan tolerándolo (por miedo a ser expulsados del grupo en muchos casos y en otros porque son tan ignorantes de sí mismos que tienen que recurrir a abusar para sentirse algo). Explicaciones planteadas de la manera correcta educan en ambos sentidos hacia una sociedad más humana sin dar alimento a los tóxicos.

    Y sólo cuando esto sea bien entendido por todos y todos los que estamos aquí aprendamos a sentirnos personas completas, sólo entonces se comenzará a resolver el problema de la dinámica de la sociedad narcisista fruto de la puritita ignorancia y del miedo, porque nadie necesitará abusar de nadie para sentirse alguien.

    Así sí se hace!

  2. nekane
    18 septiembre, 2013 at 21:07

    Desde que llegamos a éste mundo somos víctimas, víctimas de todo y en cadena!, ni las leyes, ni los estados, ni los colegios, ni el trabajo ni los padres, nadie está por la labor pues la propia sociedad no te deja, luego, lo mejor es siempre no meterse en problemas -y problemón es en en el que se metió Lucía bien adulta y madre! solo por dinero para resolver unos pagos a hacienda ¿?¿?¿? y sabiendo lo que en esos lugares se cuece, así que su ejemplo no me sirve!-. Sin embargo tenemos casi todos los psicólogos en paro ¿?¿? y suma y sigue con los anti remedios que llevamos a la practica en nuestra sociedad plagada de victimas y victimistas que también los hay!

    • PVPC
      20 septiembre, 2013 at 11:38

      Para hablar más de alguien, es preferible quedarse Orando a Dios.

      • nekane
        20 septiembre, 2013 at 16:16

        perdona pvpc pero en éste sitio no se habla más que mal de alguien, día sí y día también, -me refiero alos arículos, no al público lector opinador- pero lo que no queréis es que se os lleve la contraria o sin rebatir saltáis a la yugular!

  3. Lidia
    19 septiembre, 2013 at 01:35

    En mi opinión, desde que nacemos nos encontramos sumergidos en un mundo donde lo normal, casi siempre es lo que más daño hace. Esos niños que se mantienen callados tras sufrir acoso escolar o abusos sexuales por parte de mayores por miedo a las represalias, son victimas de la propia sociedad, de esa sociedad que estamos creando entre todos por no denunciar lo que deberíamos, y en parte creo que la justicia tiene mucho que ver debido a que son muchos los casos en los que las victimas son consideradas verdugos perdiendo la credibilidad y tachandosele de locos y exagerados, excusando asi el comportamientode los verdaderos verdugos.

  4. Mara Rodriguez
    19 septiembre, 2013 at 10:06

    Muy bien expuesta la situación. Tele5 tiene programas que generan agresividad. Y es contínuo y diario; hasta los presentadores y colaboradores se insultan, agreden emocionalmente y gritan de forma desaforada, esparciendo en los hogares malos modos y agresividad. (Esos Kikos en sus personajes de enérgumenos acusadores. Esas Rosa, Karm o Lidy, vapuleadas a diario llorando sus miserias). Cada cierto tiempo vuelvo a ver el programa y ha camniado a peor. Como mínimo las empresas deberían retirarles la publicidad.Cada un@ elige que cadena ve, of course, pero cualquier programa que incite a la agresividad debería ser penalizado.

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