Adicción: ¿Vicio o enfermedad? Mi experiencia con las drogas

Ayer me quedé alucinada con todas las  comentarios que leí en Facebook a propósito del artículo sobre Philip Seymour Hoffman. “ Un drogadicto se lo busca” , “ Yo no voy a sentir pena”, “ Por supuesto que puede elegir no hacerlo” .

 

 

Sentí mucha pena, y miedo, mucho miedo, ante semejante ignorancia y falta de compasión y empatía.

Es como si me dijerais: “ Una anoréxica puede comer”, “ Una bulímica puede decidor no comer”, “Una persona con ataques de ansiedad puede decidir frenarlo” o “ una persona locamente enamorada puede conseguir no coger el teléfono al tío cabrón  o a la víbora aprovechada que le está tomando el pelo”

En mi juvetund consumí muchas drogas, muchas. Está bastante narrado en ” Amor , curiosidad, prozac y dudas y “ Beatriz y los cuerpos celestes”. Creo que lo he probado todo. Jamás me enganché a nada, excepto al alcohol. Y sin embargo, a mi alrededor caían como moscas. ¿ Por qué yo me enganchaba y otros no? No se sabe. Hay millones de teorías al respecto.

El 50 por ciento de las adicciones tiene una base genética importante,  Las diferencias físicas del cerebro podrían explicar la predilección de algunas personas por las drogas,. Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Cambridge con ratas demostró que existían variaciones en la estructura cerebral anteriores al primer contacto con las drogas que hacían que algunas de ellas fueran más proclives al consumo de cocaína, y otras no.  Los científicos ya habían detectado las diferencias cerebrales que existen en el caso de los adictos, pero no resulta fácil saber si se trata de diferencias congénitas, fruto de una diferente estructura química del cerebro, o si son cambios que han tenido lugar como consecuencia del consumo de drogas. Los investigadores de Cambridge escanearon el cerebro de las ratas y encontraron similares diferencias en “los receptores de los neurotransmisores ” en ciertas parte del cerebro. Algunos de los animales tenían menos “receptores de dopamina”, las estructuras cerebrales sobre las que actúan drogas como la cocaína y la heroína para producir sus efectos.

 

La interacción de la dopamina con receptores D1 y D2, juega un papel importante en el funcionamiento del cerebro humano.. Si una persona nace con  anormalidades en estos receptores, esa persona será más proclive al  abuso de drogas.  Porque algunas drogas como la cocaína o anfetaminas son estimulantes dopaminérgicos.  De ahí que cierta gente se enganche muy rápido y otra no.
Tener antecedentes de familiares con problemas psiquiátricos, como depresión, aumenta el riesgo, por ejemplo, aunque algunos rasgos de la personalidad también facilitan el contacto con las drogas. Todo ello, junto con una situación ambiental propensa al consumo, incrementa el riesgo de padecer problemas de adicción. Es decir, si respiras un ambiente familiar nefasto, vives en un barrio donde la droga es de fácil acceso y para colmo tienes una base genética que te predispone, el riesgo es altísimo, porque cualquier día te vas a encontrar mal, deprimido, ansioso, y alguien te va a ofrecer esa rayita/pildorita/caladita que te va a ofrecer alivio rápido. Que te quita la depresión y la ansiedad de golpe. Y vas a ir a por más, porque lo necesitas, porque estás enfermo, porque te come la angustia y la ansiedad, y porque en el momento en el  que estás es lo único que puede calmarla, ya que no puedes recurrir a tus padres o familiares ( con los que no te llevas bien) ni a tus amigos ( que son precisamente los que te ofrecen la droga).

 

Yo viví esa situación. Vivía en un barrio con un consumo de drogas importante, en el que la droga era fácil de encontrar, en el que te la ofrecían en cada esquina, todos mis amigos consumían, y en aquel momento mis relaciones con mis padres ( católicos a ultranza) eran muy complicadas ( ese problema ya está solucionado, gracias ). ¿ Por qué yo no me enganché y sin embargo la persona que inspiró a Mónica, el personaje de Beatriz y los cuerpos celestes, acabó tal y como cuenta el libro o aún peor? ¿Tengo una familia un poco más estable? Cierto ¿Tengo yo más inteligencia? Probablemente no. ¿ Mis receptores dopaminasinérgicos eran diferentes? Casi con seguridad.

El caso es que “Mónica” no deseaba ser yonki, sufría enormemente por ello, y si alguien le hubiera llegado con una varita mágica y le hubiera ofrecido no tocar la heroína nunca más, habría dicho sí. Lo intentó todo y nunca, nunca, consiguió desengancharse. No está limpia del todo a día de hoy, que yo sepa. Pero las dos nos iniciamos en el consumo a la vez, en el mismo ambiente y con la misma sustancia.  A ella, desde el primer día, la heroína le supuso un subidón y un placer increíbles. A mí me aburría como una pera, me dejaba dormida, sin más.

Pongamos un adolescente cualquiera, con problemas de relación en el colegio, con problemas de relación con sus padres,  que se siente, como tantos adolescentes, feo o fea, torpe, inseguro o insegura, distinto o distinta, que sí, por supuesto, que conoce los riesgos del consumo de drogas pero, por el momento delicado en el que se encuentra, cae.  ¿ De verdad me decís vosotros que en el peor momento de ansiedad de vuestras vidas os lo habéis comido todo a pelo? ¿ No habéis recurrido a un tranquilizante, a una copa o más de una copa, a un atracón de mousse de chocolate en la nevera? ¿ me juráis que el día que os dejó vuestra pareja, o que falleció alguien cercano, no tomastéis tranquilizantes? Pues si ese chico o chica en ese momento de angustia insuperable tiene un porro a mano, lo prueba, claro. Cualquier cosa antes que el sufrimiento. A nadie le gusta sufrir.

Y para colmo, los medios de comunicación banalizan muchísimo la droga. Nos dicen que Belén Esteban, después de años de poliadicción, se “ recupera” en tres meses y a otra cosa mariposa, como si dejar las drogas fuera tan fácil como ponerse unas tetas nuevas. Una adicción es un problema de por vida, como una diabetes, y requiere tratamiento y seguimiento de por vida, no se soluciona yendo a una clínica. Ese es solo el primer paso.

Y sí, un adicto se convierte en una persona insufrible, sin valores, impredecible, mentiroso o mentirosa compulsiva. Lo mismo puede decirse de una anoréxica, o de una persona enganchada a una relación destructiva, o al juego, o al sexo.  Pero a la anoréxica  o al enamorado/enamorada que nos miente no les estigmatizamos tanto. En todos los casos  se trata de una enfermedad mental, y la enfermedad mental no se elige.

La adicción es una enfermedad crónica, caracterizada por la búsqueda y el consumo compulsivo de drogas a pesar de las consecuencias nocivas para la persona adicta y para los que le rodean. Si bien es cierto que en el caso de la mayoría de personas la decisión inicial de tomar drogas es voluntaria, en poquísimo tiempo los cambios que ocurren en el cerebro de las personas adictas pueden afectar el autocontrol y obstaculizar su habilidad de resistir los impulsos intensos de consumir droga

 

Muchas personas no comprenden cómo o por qué algunos se vuelven adictos a las drogas. A menudo se asume de manera equivocada que los toxicómanos no tienen principios morales o suficiente voluntad y que ellos podrían dejar de consumir drogas si sólo estuvieran dispuestos a cambiar su comportamiento. En realidad, la drogadicción es una enfermedad compleja y el dejar de consumir drogas no consigue solo a base de voluntad,  con la simple intención o la firme decisión de hacerlo.

7 comments for “Adicción: ¿Vicio o enfermedad? Mi experiencia con las drogas

  1. Amalia
    4 febrero, 2014 at 15:25

    Articulo muy acertado e interesante. Felicidades!!!

  2. Guadalupe
    4 febrero, 2014 at 16:25

    El problema de la gente que hace esos comentarios, Lucía, es no sólo la ignorancia sino la ausencia de empatía.

  3. Salvador Baños
    4 febrero, 2014 at 19:21

    Muy valiente el artículo,en esta cultura nuestra tan hipócrita sobre las drogas.No sé si estoy de acuerdo con que la adicción es una enfermedad mental,aunque tampoco es un problema banal.¡¡Ánimo Lucía es estos momentos de dificultades!!

  4. María
    5 febrero, 2014 at 02:10

    Excelente artículo Lucía.

  5. eva carrion garcia
    5 febrero, 2014 at 20:56

    He trabajado casi 5 años en un dispensario de metadona, trabajando dia a dia con toxicómanos..El primer dia e incluso las primeras semanas sentía miedo tan sólo de verlos entrar por la puerta, quería servirles lo más rápido posible la metadona para que se fueran…Con el tiempo, y después de ir conociendolos poco a poco me dí cuenta que eran personas especiales y sensibles en su gran mayoría,porque tengo que decir que también había más de un cabroncete como en todos sitios. Me ha encantado tu articulo, imagino que además de tu experiencia tambíen te habrás documentado porque le veo profundidad al texto y parece más bien que la que llevas trabajando 5 años con toxicómanos eres tu…Y

  6. 6 febrero, 2014 at 07:42

    Puedo entender tu indignación cuando escribes este artículo.

    He tratado a muchas personas con adicciones y esos prejuicios que tu señalas que hay hacia las adicciones son los mismos que señalan las personas con adicciones. Y como todo prejuicios provoca frustración e incomprensión.

    Eres un “personaje público” y seguramente tu reivindicación tenga algún eco. Lo cierto es que los prejuicios existen y existirán siempre. Cada persona tiene una percepción diferente de como “deben ser las cosas” y cuando algo se sale de este esquema es cuando aparecen los prejuicios.

    El problema que yo he observado es que a veces las personas con adicción se escudan en estos prejuicios (“La gente me va a rechazar” “Me ven como a un yonqui, ¿quien me va a dar trabajo, quien va a querer estar conmigo”) para sentirse diferentes. Esto les sume en lo que yo llamo el “narcisismo de cloaca”. Esto es, regodearse en la culpa, el victimismo, la desesperación y la marginación para justificar su consumo (“Si soy una mierda, voy consumir y así durante un rato me evado de esto”)

    La explicación genética y biológica de las adicciones no niego que tiene su importancia. Pero las personas con adicciones a veces le dan más peso que el que realmente posee, para eludir la responsabilidad que tienen para dejar la adicción (“Una persona no es responsable de desarrollar una adicción pero si de dejarla”).

    Es otra manera diferente de “narcisismo de cloaca”

  7. Antonio Gordillo
    6 febrero, 2014 at 08:36

    Buena síntesis de un problema tan antiguo como la Humanidad. Buen artículo. Creo que no has hecho alusión al fenómeno de la tolerancia. Es importante. Lo que te produce una sensación novedosa y grata en pequeñas dosis, deja de producírtela con el paso del tiempo si no aumentas las dosis. Ocurre con todas las drogas. Cuanto más usas, más quieres. Es un círculo vicioso (nunca mejor dicho).

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